CAPÍTULO XLI
GIORGIOS SEFERIS
Yorgos Stylianos Seferadi, poeta, ensayista, traductor, crítico literario y
diplomático griego.
Urla, hoy Izmir, Turquía, 13-03-1900; Atenas, 20-09-1971.
Su padre Stelios Seferiadis,
era profesor universitario, abogado y también poeta, y uno de los buenos
traductores de Lord Byron. De él heredó el gusto por la literatura, de manera
que empezó su carrera poética a los catorce años. Su madre Despina Tenekidou,
era hija de un próspero terrateniente. La familia se trasladó a Atenas en 1914
y allí terminó estudios secundarios.
A partir de 1918, Seferis
siguió estudios de Derecho y Literatura en la Sorbona de París y completó sus
requisitos de doctorado en 1924. Durante estos años, continuó escribiendo
versos y se familiarizó con la poesía francesa contemporánea. Por esa época
tuvo una aventura con Jacqueline Pouyollon, su primer gran amor. Después de
romper con ella, escribió el poema Denial, que se publicó en 1931 en Strofi,
su primera colección de poemas. Más tarde, el poema fue musicalizado por Mikis
Theodorakis.
En 1925 regresó a Atenas cuando
se le admitió en el servicio diplomático y empezó una larga carrera de casi
cuarenta años que incluyó Albania, Líbano, Siria, Jordania e Irak. Después de
numerosos cargos gubernamentales, Seferis finalmente se retiró como embajador
en Inglaterra.
En 1932 apareció I Sterna, y en 1935 Mythistorema y Ghimnopedhia. Su famosa estrofa de Mythistorema se presentó en la Ceremonia de Apertura
de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004:
Desperté con esta cabeza de mármol en mis
manos;
me agota los codos y no sé dónde dejarla.
Estaba cayendo en el sueño mientras yo salía
del sueño.
Entonces nuestra vida se hizo una y será muy
difícil separarlas.
En 1936, durante unas
vacaciones conoció a Marika Zannou (‘Maro’), una escultural y bellísima
ateniense con quien contrajo matrimonio en abril de 1941, en vísperas de la
invasión alemana de Grecia. Ella tenía dos hijas pequeñas de su matrimonio
anterior con Andreas Londos, un exoficial. Marika acompañó a Seferis al exilio
en Creta, Egipto, y más tarde en Sudáfrica, donde se exilió el gobierno griego.
Cuando conoció a Marika,
Seferis recién había terminado su relación secreta de diez años con la musicóloga
Loukia (‘Lou’) Fotopoulou, una mujer muy culta que vivía separada de su esposo.
Loukia murió repentinamente en 1939.
Entre 1947 y 1963 publicó Kijli,
El Rey de Asine, Poemas y Delphi.
En 1963 le fue otorgado el Premio Nobel de
Literatura. Además, recibió doctorados Honoris Causa por las universidades de
Cambridge, Oxford, Princeton y Salonika.
Pasó los últimos años de su
vida en Atenas, aislado físicamente y muy preocupado por la dictadura de los
coroneles.
Su poema Denial, que se
había convertido en el himno de la resistencia al régimen, fue cantado en su
funeral por miles de personas, especialmente jóvenes que llenaron las calles y
escoltaron su féretro, para honrarlo como vocero de la libertad.
En un postrer gesto no exento
de poesía, su viuda se cortó el cabello y lo arrojó a su tumba.
Sus restos reposan en el First
Cemetery de Atenas.
En la Avenida Sloane de
Londres, hay una placa donde se lee:
Poeta
Ganador del
Premio Nobel
Embajador griego
Vivió aquí.
Los tres poemas siguientes han sido traducidos de una versión y edición en inglés de Edmund Keeley y Philip Sherrard en Collected Poems. George Seferis. Princeton University Press, 1995.
NEGACIÓN - (Denial)
En la playa secreta,
blanca como paloma,
tuvimos sed un día
y el agua era salobre.
En la arena dorada
escribimos su nombre;
sopló una leve brisa
que la letra borró.
Con qué pasión y ganas
y deseos, tomamos
nuestra vida; ¡qué error!
Tuvimos que cambiarla.
EPITAFIO - (Epitaph)
Las brasas en la neblina
eran rosas enraizadas en tu corazón
y las cenizas velaban tu rostro
cada mañana.
Removiendo sombras de cipreses
te has marchado este último verano.
EL ÚLTIMO DÍA
(The Last Day)
El día estaba nublado. Nadie tomaba una decisión;
soplaba un viento
suave.
"No es viento
del nordeste, es siroco", dijo alguien.
Unos pocos cipreses esbeltos sembrados en la ladera,
y, más allá, el mar gris con remansos luminosos.
Los soldados presentaban armas cuando empezó la llovizna.
"No es viento
del nordeste, es siroco",
fue la única decisión que se oyó.
Sin embargo, sabíamos que a la mañana siguiente
no nos quedaría nada,
ni la mujer que a nuestro lado bebe el sueño,
ni el recuerdo de que alguna vez fuimos hombres,
absolutamente nada a la mañana siguiente.
“Este viento me recuerda la primavera”, decía mi amiga
mientras paseaba conmigo contemplando a lo lejos, “la primavera
que el invierno dejó caer de pronto sobre el mar cercano.
Tan inesperadamente. Pasaron tantos años. ¿Cómo moriremos?
Una marcha fúnebre merodeaba entre la lluvia fina.
¿Cómo muere un hombre? Es extraño que nadie lo haya pensado.
Y para quienes lo pensaron, fue como recordar viejas crónicas
de la época de las Cruzadas o de la batalla de Salamina.
Y sin embargo la muerte es algo que sucede:
¿Cómo muere un hombre?
Y sin embargo cada uno de nosotros gana su muerte,
su propia muerte,
que no es de nadie más, y este juego es la vida.
La luz se desvanecía sobre ese día nublado,
nadie tomaba decisiones.
A la mañana siguiente no nos quedaría nada,
todo perdido, aún nuestras manos,
y nuestras mujeres esclavas en los manantiales
y nuestros hijos en los graneros.
Mi amiga, que pasea conmigo, entona una canción inconexa:
“En primavera, en verano, esclavos...”
Acudían al recuerdo viejos maestros que nos dejaron huérfanos.
Pasó una pareja conversando:
“Me he cansado de la tarde, vamos a casa,
vamos a casa a encender la luz.”
CITAS
- Dondequiera que
viajo, Grecia me hiere.
- Soy plenamente
consciente de que no vivimos en una época en la que el poeta pueda creer que le
espera la fama, sino en una época de olvido. Esto no me hace menos entregado a
mis creencias, lo soy más.
