CAPÍTULO XLIII
GASPARA STAMPA
Gaspara Stampa, poetisa y cantante
del Renacimiento italiano. También fue una virtuosa intérprete del laúd.
Padua, 1523; Venecia, 23-04-1554.
Nació y creció en el seno de una
acomodada familia donde Bartolomeo Stampa, su padre, era un próspero
comerciante de oro y joyas.
A los ocho años perdió a su padre y la
familia se mudó a Venecia, donde Cecilia, su madre veneciana, se ocupó de que
los tres chicos recibieron una esmerada formación en latín, literatura,
historia, música y arte. Pronto, Gaspara y su hermana Cassandra se destacaron
como cantantes y su casa se convirtió entonces en un imán para las principales
figuras de los círculos literarios y artísticos venecianos.
Hacia 1543 perdió a su hermano
Baldassarre, un hecho devastador para ella, que llegó a considerar la idea de
retirarse a un convento.
Uno de sus primeros amores fue un joven
de apellido Gritti. Posteriormente, en la Navidad de 1548, con veinticinco años,
conoció y se enamoró del conde Collaltino de Collalto y empezó a escribir
poemas en su honor. La relación prosperó durante los siguientes tres años, pero
los viajes frecuentes del conde, especialmente a Francia, donde al parecer
finalmente se casó, ocasionaron la ruptura. El retrato que la biógrafa,
historiadora y periodista italiana María Bellonci hace de Collaltino, muestra
un hombre insensible, rudo y calculador, inferior a ella no sólo en el aspecto
poético.
Gaspara estuvo al borde de la depresión,
pero encontró refugio en los brazos del caballero veneciano Bartolomeo Zen, y
una válvula de escape en la poesía. De hecho, sus poemas de esa época, de los
cuales por lo menos una docena fueron inspirados por Zen, un hombre del que
poco se sabe, la recuerdan como una de las poetisas más influyentes del siglo
XVI. Sus celebrados versos líricos, a menudo han sido comparados con los de
Safo.
Fue elegida miembro de la Accademia dei Dubbiosi en 1550, época en
la que escribió bajo el nombre de "Anaxilla".
En 1553, su salud empezó a
resentirse y se mudó a Florencia con la esperanza de que el mejor clima
aliviara sus quebrantos. Sin embargo, su salud no mejoró, y a principios de
abril del año siguiente regresó a Venecia, donde murió quince días después, según
el registro parroquial, de una fiebre maligna, cólicos y lo que en Venecia se
llamaba mal de mare, la “enfermedad
del mar”. El novelista David Markson, escribe en This is not a novel: “Gaspara Stampa murió de lo que puede haber
sido cáncer de útero”.
Para redondear la incertidumbre,
unos pocos aventuran la hipótesis del suicidio. Tenía 31 años.
A pesar de su muerte prematura, Gaspara
escribió 311 poemas, entre sonetos, madrigales, sextinas y canciones. La
primera edición de sus poemas fue publicada póstumamente en 1554, editada por
su hermana Cassandra bajo el nombre de Rime
di Madonna Gaspara Stampa, y dedicada al poeta florentino Giovanni Della
Casa.
La colección tiene forma de diario y allí
Gaspara expresa sus alegrías y sus angustias emocionales.
Casi cuatro siglos después, el poeta
Rainer Maria Rilke se refiere a Gaspara en la primera de sus diez elegías Duino Elegies, considerada a menudo como
su obra maestra.
SONETO V
A menudo comparo a mi señor
con el cielo. Es el sol su bello rostro;
sus ojos, las estrellas; sus palabras
son la armonía del señor de Delos.
Las tormentas, los truenos, hielos, lluvias,
son su desprecio cuando se enfurece;
hay bonanza y hay calma cuando quiere
rasgar el velo amable de su furia.
La primavera, el germinar de flores,
es el tiempo en que nace mi esperanza,
y me promete largas alegrías.
Llega el macabro invierno y amenaza
con cambiar ansiedades y moradas,
y quitarme mis más caros honores.
SONETO VII
Quien quiera, damas, ver a mi señor,
busque a un hombre de aspecto leve y dulce,
joven de años, viejo de intelecto,
imagen del valor y de la gloria:
rubio el cabello y el semblante vivo,
de alta estatura y espacioso pecho,
y finalmente, recto en sus acciones,
si bien un poco cruel en el amor.
Y que después quien quiera conocerme
busque a una que muestra en su semblante
la imagen de la muerte y del martirio,
albergue de la fe firme y constante,
una que, aunque suspira, llora y arde,
no halla en su cruel amante la piedad.
SONETO VIII
Si siendo como he sido, vil y abyecta,
llevo en mi pecho tan ardiente fuego,
¿por qué no hacerlo arder siquiera un poco
para mostrarlo al mundo con estilo?
Y si Amor con pasión extraña y nueva,
a tan altos lugares me condujo,
¿por qué no puedo hacer con sabio juego
que sean una sola pena y pluma?
Y si natura no me lo permite,
por milagro podré, que muchas veces
vence, traspasa y rompe toda regla.
Y no puedo decirlo expresamente,
pero puedo sentir que, por ventura,
hay en mi corazón un nuevo estilo.
SONETO LXXVIII - (Se cree que fue inspirado por el
conde Collaltino de Collalto, en uno de sus viajes a Francia).
Amor, cubre los ojos que me ataron
para que nunca vean la belleza,
la buena educación y cortesía
de las bellas mujeres que hay en Francia;
para que, cuanto ahora es dulce y grato,
no se convierta en aspereza y llanto
porque desprecio todo en esta vida,
excepto por su luz clara y serena.
Y si él encuentra, por ventura, alguna
que merezca su amor y que ilumine
aquel tenaz y fuerte corazón,
hiérelo con tu flecha envenenada,
o dame muerte con tu dardo de oro,
porque vivir no quiero en tal estado.
SONETO
CLXXXIV
Ya no encuentro más rimas, con que pueda
cantar vuestro valor, vuestra belleza,
y de mi corazón contar las penas;
tal es su fuerza, la que a mí me falta.
Y, como llama que por dentro crece
y no puede salir a desahogarse,
crece el dolor con mis internas ansias
y consume mis médulas y huesos;
y entre todos los bienes y los males
que el Amor suele dar, es mi ventaja,
que no puedo decir cuántos, ni cuáles.
Entonces tú, luciente y vivo rayo,
dame vigor y dame, Amor, las alas,
para volar y abrir mi corazón.
EPITAFIO
Por amar mucho y ser tan poco amada
vivió y murió infeliz, y ahora aquí yace
la amante más leal que haya existido.
Pide, viajero, que descanse en paz,
y aprende de su vida maltratada,
a no seguir a un corazón huidizo.
