UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XLVI - PAUL VERLAINE

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 CAPÍTULO XLVI

PAUL VERLAINE

 

Paul Marie Verlaine, poeta francés, padre del simbolismo y maestro del decadentismo, ícono de los poetas malditos. Miembro de la Comuna de París. Tal vez el mayor poeta lírico francés del siglo XIX.

Metz, 30-03-1844; París, 08-01-1896.

      Era el hijo único de un oficial de la Armada y de una joven hija de terratenientes. En sus primeros años tuvo un contacto frecuente con la naturaleza y desde muy joven mostró sus inclinaciones poéticas, entonces de estilo romántico.

      Hizo sus primeros estudios en el Liceo Bonaparte, una experiencia amarga y frustrante que acentuó su carácter contestatario, enemigo de formas y encasillamientos de todo tipo.

      Por ese camino, años después cambió los estudios de la Escuela de Derecho por la vida bohemia de los cafés, los bares y los salones literarios de la capital francesa.

      Decidido a ser poeta, visita el salón del Marqués de Ricard, donde hace amistad con importantes figuras literarias, como Auguste Villiers de l'Isle-Adam, entre otros.

      En 1870, luego de una decepción por el amor no correspondido de su prima Élise Moncomble, contrae matrimonio con Mathilde Mauté, tal vez su primera musa, aunque no por mucho tiempo.

      Meses después adhiere a la Comuna de París y un poco más tarde ya forma parte del Comité Central. Viene entonces la semana sangrienta de la masacre comunera, de la cual el poeta escapa milagrosamente, y el matrimonio se refugia en Pas-de-Calais.

      A su regreso a París, llegaron a vivir a casa de los padres de Mathilde y esperaban un hijo, cuando a mediados de 1871 un joven y desconocido poeta de diecisiete años, un enfant terrible que buscaba escapar de la vida provinciana que lo asfixiaba y quería espacio en la bohemia parisina de los poetas de su tiempo, le envió algunos poemas, incluído Le Bateau Ivre, con la esperanza de encontrar aceptación y reconocimiento. Se llamaba Arthur Rimbaud.

      Verlaine quedó deslumbrado con los versos del poeta adolescente y le respondió con un boleto de ida a París, y estas palabras: “Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos. Paul Verlaine”. Nunca imaginaron de qué manera les iba a cambiar la vida.

Verlaine vivía relativamente tranquilo con su mujer e hijo en casa de sus suegros, y la llegada del prepotente y altanero adolescente fue como la entrada de un elefante en una cristalería. Su arrolladora personalidad, sorprendente en un chico de su edad, arrastró a Verlaine al alcohol, a la absenta y al desprecio absoluto por todas las formas sociales. Se hicieron amantes y muy pronto escandalizaron a la intelectualidad parisina.

      Rimbaud se marcha a Londres y Verlaine se queda en París, atendiendo un ultimátum de su esposa. Semanas después, abandona a Mathilde y a su hijo y viaja a Londres en busca de su amado.

      Allí sobreviven de una ayuda que les envía la madre de Verlaine y de algunas clases de francés, mientras Rimbaud escribe la mayor parte de lo que luego sería su libro Les Iluminations, publicado por primera vez en La Vogue en 1886.

      La felicidad, si la hubo, duró poco. Verlaine se vio sometido a frecuentes humillaciones, críticas que menospreciaban su poesía y ultrajes como “viejo calvo y fracasado”. Escapa a Bruselas y envía una carta a Rimbaud anunciándole que intentará reconciliarse con su esposa y, de no ser posible, se suicidará.

      Rimbaud le responde …Vuelve, todo estará totalmente olvidado, pero ante la indiferencia de su amado, decide viajar a Bruselas.

Pronto volvió el infierno de las humillaciones, agravadas por el alcoholismo y, en una de esas discusiones, Verlaine le dispara en plena calle y lo hiere en una pierna.

      Interviene la policía, Verlaine es acusado de sodomía y condenado a dos años de prisión, que cumplió en Bruselas y en Mons, entre 1873 y 1875.

      El encierro lo hizo volver al catolicismo de sus primeros años, mientras escribía Cellulairement, 32 poemas que la mayoría de los críticos valoran como los más bellos de su obra.

      Al salir de la cárcel intentó reconciliarse con Mathilde, pero encontró que ella ya había obtenido la separación y la custodia del niño. Volvió a ver a Rimbaud en un reencuentro de dos días en Stuttgart, que terminó en una última pelea y decidió regresar a Inglaterra, donde volvió a sus clases de francés, latín y griego.

      A su regreso a París en 1877 vuelve a encontrar el amor en Lucien Létinois, uno de sus alumnos de inglés, de dieciocho años. Viaja con él a Inglaterra y en 1880 compra una granja con la idea de instalarse allí con Lucien y sus padres. El emprendimiento agrícola no funcionó y en 1883 una fiebre tifoidea acabó con la vida de Lucien.

Verlaine regresó a Francia y pasó una temporada escandalosa en la localidad de Coulommes, cincuenta kilómetros al este de París.

      La muerte del chico, la de la madre del poeta tres años después, el fracaso de todos sus intentos de reconciliación con Mathilde y el amargo final de su relación con Rimbaud, fueron demasiado para sus ya débiles fuerzas y recayó en el alcoholismo, la drogadicción y el libertinaje. Ya era, sin embargo, un poeta famoso que seguía escribiendo y deslumbrando a sus contemporáneos con la belleza de sus palabras.

      Recordemos algunas obras de los útimos años:

Jadis et naguère (1884), incluye:

      Jadis (Contracción del francés antiguo “ja a dis” “il y a déjà des jours”, “beaucoup de jours”, “hace mucho tiempo”):

Sonnets et autres vers, Pierrot, Sonnet boiteux, Art Poétique, Allégorie, Vers Jeunes y À la manière de plusieurs. 

      Naguère (Contracción de “il n’y a guère”, “hace poco (tiempo)):

Crimen amoris, La Grâce, L’Impénitence finale, Don Juan pipé y Amoureuse du Diable, escritas años antes pero que no encajaban en colecciones anteriores cuidadosamente agrupadas.

      Por otro lado, Parallèlement comprende piezas bohemias y eróticas técnicamente iguales a sus mejores trabajos.

      En Amour, sus nuevos poemas aún tienen destellos de su antigua magia, en particular los pasajes de su lamento por Lucien Létinois.

      También obras en prosa como Les Poètes maudits; Les Hommes d'aujourd’hui, breves biografías de escritores contemporáneos, la mayoría de las cuales aparecieron en 1886; Mes Hôpitaux, relatos sus reclusiones en hospitales; Mes Prisons, narraciones de sus encarcelamientos, incluida la historia de su “conversión” en 1874; y Confessions, notes autobiographiques.  Jugó un papel decisivo en la publicación de Illuminations de Rimbaud en 1886 y lo hizo famoso.

 

      Sus últimos años lo encontraron escribiendo algunas obras menores, compartiendo con prostitutas ancianas como Philomène Boudin y Eugénie Krantz, las más sobresalientes entre las musas de su decadencia, y frecuentes períodos en los hospitales, donde los médicos le brindaron amistad y atenciones especiales.

      Gozó entonces de gran prestigio literario. Fue agasajado en Londres, Oxford y Manchester por jóvenes simpatizantes, entre ellos el crítico Arthur Symons, que organizó una gira de conferencias en Inglaterra en noviembre de 1893. Frank Harris y Cranmer Byng publicaron artículos y poemas de Verlaine en The Fortnightly Review y The Senate. Las pensiones de relevo de sus admiradores y el nombramiento de Príncipe de los Poetas que incluía una pensión, fueron también un reconocimiento, por tardío o insuficiente que fuera, a la estima que atraía como poeta y amigo, y le permitieron –ahora sí, Pauvre Lelian- vivir su último año con menos angustias.

      Murió en la posada de Eugénie Krantz en enero de 1896. Tenía 51 años. A pesar de su turbulenta vida personal, Verlaine fue tratado siempre como maestro y precursor por los poetas simbolistas y decadentistas.

      A veces se le recuerda más por su tormentosa vida, sus crisis amorosas, religiosas y alcohólicas, y sus días de pobreza extrema que por los poemas que escribió, pero fue un magnífico poeta y, tras su fallecimiento, su amplia influencia siguió creciendo sobre los poetas que le siguieron.

      En castellano, el modernismo no hubiera sido posible sin la influencia de la poesía de Verlaine.

 

      Finalmente, unos párrafos sobre los poetas malditos:

      En 1884, Paul Verlaine escribe una de sus obras famosas, Les Poètes maudits, ensayo a través del cual se propone, mediante breves estudios biográficos, dar a conocer a seis poetas contemporáneos, malditos según él, ensayo en el cual se incluyó con el nombre de Pauvre Lelian, anagrama de su propio nombre. Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes Valmore y Auguste Villiers de l'Isle-Adam, completan el grupo.

      La obra tuvo en 1888 una versión definitiva, corregida y aumentada. En 2004, la compañía francesa Aristophil adquirió los manuscritos en una subasta por cerca de trescientos mil euros. Francia elevó estas reliquias a la categoría de tesoro nacional.

      En 2013, la exposición “Verlaine emprisonné” presentó los manuscritos del encierro, y como resultado de la misma y con el mismo nombre la editorial Gallimard los publicó en una bella coedición con el Museo de Letras y Manuscritos.

 

Leamos dos párrafos de la contracarátula:

      * Este libro…, ofrece una comprensión de una de las obras maestras de Verlaine, Cellularly, desde una nueva perspectiva. En efecto, aborda la cuestión de las cuatro principales "prisiones" de Paul Verlaine:

- Su físico… se siente feo,

- su jaula existencial, que lo muestra dividido entre la fascinación del infierno y el llamado de la gracia,

- su abismal adicción a la absenta,

- y su encarcelamiento en Bélgica, luego de su intento de homicidio de Arthur Rimbaud.

 

     * Luego está el texto de Jean-Pierre Guéno, todo sensibilidad, cercanía, afecto, impregnado de una tierna empatía, una oda a nuestros hermanos malditos, a todos los poetas malditos que ha soportado la tierra.

 

      Jean-Pierre Guéno, comisario de la exposición afirmó también:

Verlaine fue un hombre enjaulado desde el primer día de su vida hasta su muerte. Fue prisionero de la neurosis de su madre, de su propia fealdad, de un contexto político que hizo que todo estuviera paralizado. Fue un torturado, un maldito.

 

Sus restos reposan en el Cementerio de Batignolles en París. En su tumba, bajo su nombre, se lee:

Poeta.

Fallecido el 8 de enero de 1896 a la edad de 51 años.

De Profundis.

 

 

LLANTO EN MI CORAZÓN.

(En el original, el poema aparece sin título, solamente con el epígrafe de Rimbaud):                                

   Llueve suavemente sobre la ciudad.
                      Arthur Rimbaud.

 

Llanto en mi corazón
como lluvia sobre la ciudad.
¿Qué es esta languidez
que taladra mi corazón?

¡Oh, rumor dulce de la lluvia
en la tierra y sobre los tejados!
Para un corazón que se aburre,
¡Oh, el canto de la lluvia!

Llanto sin razón
en este corazón enfermizo.
¡Qué! ¿Ninguna traición?
Este duelo no tiene razón.

¡Es la peor tristeza
no saber por qué,
sin amor y sin odio,
en mi corazón hay tanta tristeza!

 

 

CANCIÓN DE OTOÑO - (Chanson d’automne)

Los largos sollozos

de los violines

del otoño

hieren mi corazón

con una monótona

languidez.

 

Todo agobiante

y lívido, cuando

suena la hora,

me acuerdo

de los viejos tiempos

y lloro.

 

Y me voy

con el mal viento

que me lleva

a uno y otro lado

como a una

hoja muerta.

 

 

 

LAS CONCHAS - (Les coquillages)

Cada concha incrustada

en la gruta donde nos amamos,

tiene su particularidad.

 

Una tiene la púrpura de nuestras almas

robada a la sangre de nuestros corazones

cuando yo ardo y tú te inflamas;

 

esa otra finge tus languideces

y tu lividez cuando, cansada,

te enfadas por mis ojos burlones;

 

esta imita la gracia

de tu oreja, y aquella otra

tu rosada nuca, corta y rolliza;

 

pero una, entre todas, me perturba.

 

 

CITAS

 

- El que vea una luz en la oscuridad de mi corazón, que prenda una vela.

 

- El poeta es un loco perdido en la aventura.

 

UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XLV - PAUL VALÉRY

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 CAPÍTULO XLV

PAUL VALÉRY

 

Ambroise Paul Toussaint Jules Valéry, poeta, escritor, ensayista, filósofo y crítico francés, uno de los principales íconos de la llamada poesía pura.

Sète, Francia, 30-10-1871; París, 20-07-1945.

      Era hijo de Barthelmy Valéry y Fanny Grassi, corso él y genovesa ella.

      En Montpellier asistió a la escuela secundaria y después se matriculó en la Facultad de Derecho. Allí publicó sus primeros poemas a los dieciocho años.

      Hacia 1891, en París, conoció a André Gide y a Stéphane Mallarmé, con quienes mantuvo una estrecha amistad.

      En 1900 se casó con la joven de veintitrés años Jeannie Gobillard -pariente lejana del pintor preimpresionista y grabador francés Edouard Manet- con quien tuvo tres hijos.

      Jeannie, su hermana Paule y su prima Julie Manet eran tres huérfanas que quedaron al cuidado del poeta Stéphane Mallarmé y vivían con una criada en la actual calle parisina Paul Valéry.

      Julie y Jeannie terminaron organizando una boda doble, Julie con el pintor Ernest Rouart y Jeannie con el poeta Valéry. Jeannie murió en 1970, a los 93 años.

      Durante más de ocho años, desde 1920, mantuvo una tormentosa relación intelectual y amorosa con la poetisa, escritora y diarista francesa Catherine Pozzi, una culta mujer de la alta burguesía parisina, célebre por su elegancia, que había estudiado en Oxford y escribía “para no morir de soledad”, y fue amiga de Colette, Rilke y Gide, entre otras luminarias. Se había divorciado del actor dramático Édouard Bourdet tan pronto nació su hijo Claude.

      Catherine sólo escribió seis poemas -ver capítulo 34-, y unos días antes de su muerte, escribió en su diario: “Escribí Vale, Ave, Maya, Nova, Scolopamine, Nyx. Me gustaría que se hiciese una placa con ellos. Safo no necesitó más palabras para atravesar el tiempo”.


      Estas son algunas de las obras más conocidas de Valéry:

    La soirée avec Monsieur Teste, La jeune parque, Le cimetière marin, Charmes, y la serie de cinco ensayos y conferencias llamada Variété, agrupados como filosóficos, literarios, casi políticos, teoría poética y estética, y memorias. Póstumamente aparecieron su obra teatral Mon Faust en 1946, y a partir de 1956 los Cahiers, anotaciones que guardó durante medio siglo en más de doscientos cuadernos.

En 1925 fue admitido en la Academia Francesa.

Entre 1938 y 1945, mantuvo un idilio secreto con Jeanne Loviton, una abogada y escritora treinta y dos años menor, que escribía novelas bajo el seudónimo de Jeanne Voilier. Su relación le inspiró una colección de poemas que tituló Corona & Coronilla, publicada póstumamente.  Para algunos biógrafos del poeta, el hecho de que Jeanne lo abandonara para casarse con el editor Robert Denoël, sumió a Valéry en la tristeza y fue causa importante de su muerte, ocurrida dos meses después de ese abandono. El presidente Charles de Gaulle ordenó oficiar funerales de Estado.


      Mención especial merece Le cimetière marin:

   Para el historiador francés Gustave Cohen, nacido y criado en Bruselas y profesor de literatura medieval en la Sorbona -que analizó con sus estudiantes Le cimetière marin en presencia de Valéry-, el poema semeja la estructura de una tragedia clásica, aunque no en cinco sino en cuatro actos, con exposición, trama y desenlace.

Cohen identifica así estos cuatro actos:

 

Estrofas I a IV: Inmovilidad del No-Ser o de la Nada eterna e inconsciente.

Estrofas V a VIII: Movilidad del Ser efímero y consciente.

Estrofas IX a XVIII: ¿Muerte o Inmortalidad?

Estrofas XIX a XXIV: Triunfo de lo momentáneo y de lo sucesivo, del cambio y de la creación poética.


La elevada calidad de su obra poética le ha ganado un lugar de primer nivel en la poesía francesa del siglo XX.

 

Sus restos reposan en el Cementerio Marino de Sète, lugar que había inspirado su famoso poema.

El epitafio es un fragmento del mismo:

 

¡Qué recompensa para el pensamiento

recrearse en la calma de los dioses!

 

EL CEMENTERIO MARINO - (Le cimetière marin)

     ¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, 
                    pero agota toda la extensión de lo posible!
                                       
Píndaro, Píticas III, ep. 3.

Techo sereno, campo de palomas,

palpita entre los pinos y las tumbas;

el pleno mediodía arma su fuego    

y el mar, el mar, recomenzado siempre.

¡Qué recompensa para el pensamiento

recrearse en la calma de los dioses!

 

Perfecta luz que en su fulgor consume

diamantes tantos de invisible espuma.

¡Oh, cuánta paz parece concebirse!

Cuando sobre el abismo el sol descansa,

-trabajo puro de una eterna causa-,

el tiempo brilla y es saber el sueño.

 

Tesoro firme, templo de Minerva,

mole de calma, reservorio vivo;

agua serena, ojo que en ti guardas

bajo un velo de llamas tanto sueño,

¡Oh, mi silencio!... Construcción del alma,

techo cubierto con mil tejas de oro.

 

Templo del Tiempo en un suspiro inscrito,

a este lugar sagrado me acostumbro,

rodeado de mi mundo marinero;

y como a dioses mi suprema ofrenda,

el apacible centelleo esparce

un desdén soberano en las alturas.

 

Como la fruta en gozo se disuelve

y su ausencia en delicia se convierte

entre la boca en que su forma muere,

mis futuros vapores hoy aspiro,

y al alma consumida el cielo canta

el cambio del rumor de las riberas.

 

¡Mira cómo he cambiado, cielo hermoso!

Después de tanto orgullo y ocio extraño,

mas lleno de poderes todavía,

a tan brillante espacio me abandono;

sobre casas de muertos va mi sombra

que a sus leves vaivenes me acostumbra.

 

El alma expuesta a antorchas de solsticio,

admirable justicia, te defiendo

sin piedad con las armas de la luz,

y te regreso a tu lugar primero.

¡Mírate! Reflejar la luz supone

una mitad oculta entre las sombras.

 

Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,

cerca de un corazón, fuente del verso,

entre el vacío y el suceso puro,

de mi grandeza interna espero el eco,

cisterna amarga, oscura, en que resuenan

siempre en futuro huecos en el alma.

 

¿Sabes, falso cautivo de las frondas,

golfo devorador de magras rejas,

sobre mis ojos, fúlgidos secretos,

qué cuerpo me hunde en su final moroso,

qué frente llama en esta tierra ososa?

Un destello que piensa en mis ausentes.

 

Me gusta este lugar, pleno de antorchas,

cerrado, sacro, fuego sin materia,

ofrecido a la luz trozo de tierra,

de piedra y oro y árboles sombríos,

trémulo mármol entre tantas sombras

donde duerme el mar fiel sobre mis tumbas.

 

¡Espléndido guardián, frena al impío!

Cuando con risa de pastor, y solo,

apaciente corderos misteriosos,

blanco rebaño de mis quietas tumbas,

aleja del lugar a las palomas,

los sueños vanos y ángeles curiosos.

 

Aquí llegado, el porvenir es lento.

El claro insecto rasca sequedades;

chamuscado y deshecho, es recibido

en el aire por una esencia extraña.

La vida es vasta en ebriedad de ausencia

y dulce la amargura y claro el ánimo.

 

Los muertos bien están bajo esta tierra

que los abriga y seca su misterio.

Arriba, inamovible, el Mediodía,

en sí piensa y consigo se concilia;

soberbia testa y colosal diadema,

yo soy dentro de ti el secreto cambio.

 

¡Tan solo yo contengo tus temores!

Mis pesares, mis dudas, mis apremios,

son el defecto de tu gran diamante,

y en su noche de mármoles cargada

un pueblo vaga entre raíces de árboles

para asumir tu causa lentamente.

 

En una ausencia espesa se han fundido,

roja arcilla bebió la blanca especie

y ha pasado a vivir entre las flores.

¿Y dónde están las frases familiares,

el arte personal, las almas únicas?

La larva hila donde nace el llanto.

 

Los gritos de las chicas cosquillosas,

los dientes, ojos, párpados mojados,

el bello seno que con fuego juega,

la sangre viva en los rendidos labios,

últimos dones, manos que los cuidan,

¡bajo tierra va todo y entra en juego!

 

¿Y aun esperas, alma grande, un sueño

que no tenga el color de la mentira,

como a los ojos onda y oro fingen?

¿Cantarás en estado vaporoso?

Mi presencia es porosa, todo huye,

y la impaciencia santa también muere.

 

Magra inmortalidad negra y dorada,

consoladora de afrentoso lauro

que en seno maternal truecas la muerte.

¡Bellas mentiras y piadosa astucia!

¿Mas quién no los conoce y quién no huye

del cráneo hueco y de la risa eterna?

 

Inhabitadas testas, hondos padres,

bajo el peso de tantas paletadas

sois también tierra y confundís mis pasos;

el roedor, gusano irrefutable,

no vive del que duerme bajo losas,

¡él vive de la vida y no me deja!

 

¿Amor quizás, o el odio de mí mismo?

Tan cerca siento su secreto diente

que puede convenirle cualquier nombre.

¡Qué importa! Mira, quiere, sueña, toca,

y le agrada mi carne, y en mi lecho

vivo de alimentar a este viviente.

 

¡Oh Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!

Me has traspasado con tu flecha alada

que vibra y vuela, y ya no vuela más.

El son me engendra y con la flecha muero.

¡Sol, sombra de tortuga para el alma,

Aquiles detenido a grandes pasos!

 

¡No, no! ¡De pie! De ahora en adelante,

¡rompe esta forma de pensar, oh cuerpo!

¡Beba mi seno el génesis del viento,

y la frescura que la mar exhala!

¡Oh potencia salada, mi alma vuelve,

y voy con ella a disfrutar las olas!

 

Sí, mar inmenso de delirios pleno,

piel de pantera, perforada clámide

por los mil y mil ídolos del sol,

ebria de carne azul, hidra absoluta,

que una vez y otra vez muerdes tu cola

en tumulto al silencio semejante.

 

¡Hay que vivir mientras el viento sube!

Abre y cierra mi libro el aire inmenso,

la ola en polvo salta entre las rocas,

¡Volad, páginas todas, deslumbradas!

¡Olas, romped con aguas jubilosas

mi techo en paz picado por las velas!

 

OH MI QUERIDO VENENO (Coronilla. III) (Ô mon poison cher)

¡Oh, mi querido veneno,

todo en ti, desde la carne,

la cabellera profunda,

la Venus de tu donaire

y la Psique de tu mente,

tu corazón comprensivo

que parece responderme,

todo en ti, todo me quema

y me enloquece por ser

parte de tanta emoción!

 

 

CITAS

- La poesía debería ser el paraíso del lenguaje.

- El primer verso nos lo regalan los dioses.

- El poema, esa prolongada vacilación entre el sonido y el sentido.

- Los hombres se distinguen por lo que muestran y se asemejan por lo que ocultan.

- No siempre soy de mi opinón.

- La estupidez no es mi fuerte.