UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XLIV - GIUSEPPE UNGARETTI

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 CAPÍTULO XLIV

GIUSEPPE UNGARETTI

 

Poeta, crítico literario, profesor de literatura y traductor italiano, fundador del movimiento llamado Hermeticismo.

Alejandría, Egipto, 10-02-1888; Milán, 01-06-1970.

      De padres italianos, Antonio Ungaretti y María Lunardini, Giuseppe nació en Egipto cuando su padre trabajaba en las obras del canal de Suez. Antonio murió dos años después del nacimiento del poeta, y María era dueña de una panadería con la cual pudo sostener los estudios de su hijo.

      En 1912 se fue a París para cursar estudios universitarios, que nunca concluyó. En cambio, asistió a las clases del filósofo Henri Bergson y conoció entre otros a Apollinaire, Picasso, Papini, Gide y Modigliani.

En 1915, poco después de haber publicado sus primeros poemas en la revista Lacerba, se incorporó a la infantería al estallar la Gran Guerra. En las trincheras Ungaretti escribió Lettere piene d’amore, los poemas que después formarían parte de la colección Il porto sepolto, publicados por primera vez en Udine en muy pocos ejemplares, gracias a su amigo Ettore Serra. Una segunda edición está fechada en 1923, con la introducción de nada menos que Benito Mussolini.

      En 1920, el poeta conoció y se casó con la profesora de francés Jeanne Dupoix, con quien tuvo tres hijos, uno nacido y muerto en el verano de 1921, Anna Maria y Antonietto. Jeanne murió en 1958, tras una prolongada enfermedad.

      En 1931 se publica en Florencia su colección Allegria di Naufragi, y en 1933 otra colección titulada Sentimento del Tempo.

      En 1936 el Pen Club lo invitó a Argentina y allí le ofrecieron la cátedra de literatura italiana en la Universidad de Sao Paulo, a donde se trasladó con su familia. Tres años después murió en esta ciudad su hijo Antonietto, por una apendicitis mal tratada.

      En 1942, el poeta regresó a Italia y se incorporó a la Universidad La Sapienza como profesor de literatura moderna y contemporánea.

      En 1947 publicó la colección Il dolore, dedicada a la muerte de Antonietto, su hijo de 9 años, y para reflejar los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

      Luego aparecieron La terra promessa (1950), Un grido e paesaggi (1952), e I taccuini del vecchio (1960).

En 1966, durante un ciclo de conferencias en un hotel de Sao Paulo, el poeta conoció por casualidad a la poetisa y abogada brasileña de origen italiano, Bruna Bianco, cincuenta y dos años menor. Tres semanas después entablaron una relación sentimental de la que quedan cuatrocientas apasionadas cartas.

      La historia de amor puede leerse en Lettere a Bruna (Luciano Rebay, Mondadori, Milán, 2017), en particular una carta fechada en octubre de 1966, en la que define a Bruna como mi vivo amor por la Poesía.

      Una relación candente, aparentemente imposible, que resultó ser mucho más que la evidencia de que para el amor no hay imposibles, y que, en el caso del poeta, como se oye por ahí, el hombre tiene la edad de la mujer que ama.

Pero no fue fácil, la separación y la distancia conspiraban:

Siamo un’unica cosa sola, amore. Siamo soli. La solitudine dell’amore, siamo, Amore mio. (Lettere 173).

      Y, en efecto, el sueño se desvaneció y parece haber terminado a principios de 1970. Pero nadie les quita lo vivido… y lo amado. El poeta viviría apenas unos meses más.

      El diario italiano Il Dubbio, publicó Con il mio “Ungà” è stato un rapimento, (Con mi Ungá ocurrió un secuestro), una entrevista a Bruna Bianco en junio de 2020, hecha por el periodista Eugenio Murrali. Comparto algunos párrafos:

- Cuando lo conocí estaba encorvado, después tiró los bastones, caminaba derecho como un huso. Nunca me di cuenta de la edad que tenía, era el hombre para mí.

 

- Absorbí todo lo que me decía, como una droga que se bebe para vivir esa felicidad que solo él me había permitido experimentar, porque era el hombre completo, el que me hacía sentir amada. ¿Cómo podía no estar agradecida? Sólo me hablaba maravillas. Nunca me habló de trincheras, de fango, de guerras, sólo de cosas melodiosas, de la alegría de vivir. Fue verdaderamente un encuentro sobrenatural. Necesitábamos estar cerca y tener siempre la insistencia y la presencia del amor mutuo. Queríamos casarnos y preparamos todo para hacerlo en mi cumpleaños.

 

Entonces las cosas no fueron así...

- Ungaretti sufrió muchas injusticias en aquella época, injusticias muy graves. No era rico, no tenía una casa propia donde vivir conmigo. Esperaba el Nobel, porque con una parte se hubiera comprado una casita en Capri, donde nos hubiésemos mudado para hacer las traducciones, de hecho, le gustaba traducir conmigo los grandes clásicos. El premio Nobel no vino... y fue una pena.

 

- Cuando supe que había muerto… lloré, lloré, lloré mucho, pero estaba tan lejos y ya había pasado. Solo lloré, lloré y lo llevé conmigo, Ungá, y siempre estará conmigo.

 

      En 1969 toda su obra poética fue reunida y publicada como Vita d’un Uomo. Tutte le poesie.

      En 1977, su obra en prosa, principalmente crítica literaria, fue recogida y publicada con el título Vita d’un Uomo. Saggi e interventi.

Tradujo obras de poetas españoles, franceses, ingleses y rusos, entre otros Góngora, Mallarmé, Racine, Shakespeare y Blake.

      Sus restos reposan en el Cementerio Monumental de Campo Verano, en Roma.

 

AGONÍA - (Agonia)

Morir como las alondras sedientas

sobre el espejismo

O como la codorniz

pasado el mar

en las primeras zarzas

porque de volar

no tiene ya deseo

Pero no vivir del lamento

como un jilguero enceguecido.

 

ALEGRÍA DE NÁUFRAGOS - (Allegria di naufraghi).

Y de pronto reanuda

el viaje

después del naufragio

como

un sobreviviente

lobo de mar.

 

LA MUERTE MEDITADA. Canto IV - (La morte meditata)

Las nubes me tomaron de la mano.

Quemo sobre la colina espacio y tiempo,

como tu mensajero,

como el sueño, divina muerte.

 

LA MUERTE MEDITADA. Canto V - (La morte meditata)

Has cerrado los ojos.
Nace una noche
llena de falsos huecos,
de sonidos muertos
como de corchos
de redes sumergidas en el agua.

 

Tus manos son ahora un suspiro
de inviolables lejanías,
inasibles como las ideas.

 

Y la ambigüedad de la luna
y el vaivén, muy dulces,
si vas a posarlas sobre mis ojos,
tocan el alma.

 

Eres la mujer que pasa
como una hoja.
Y dejas en los árboles un fuego de otoño.

 

EN MEMORIA - (In memoria)

Se llamaba

Moammed Sceab

Descendiente

de emires de nómadas

suicida

porque ya no tenía

Patria

Amó a Francia

y se cambió el nombre

Se llamó Marcel

pero no era francés

y ya no sabía

vivir

en la tienda de los suyos

donde se oye la cantilena

del Corán

saboreando un café

Y no sabía

liberar

el canto

de su abandono

Lo acompañé 

junto a la dueña del albergue

donde vivíamos

en París

en el número 5 de la Rue des Carmes

triste callejón en descenso.

Reposa

en el cementerio de Ivry

suburbio que parece

siempre

como un día

de una

feria de podredumbre.

Y tal vez yo sea el único

que todavía sabe

que vivió.

 

SOY UNA CRIATURA - (Sono una creatura)

Como esta piedra

del San Michele

tan fría

tan dura

tan árida

tan refractaria

tan totalmente

inanimada.

 

Como esta piedra

es mi llanto

que no se ve.

 

La muerte

se paga

viviendo.

 

NO GRITES MÁS - (Non gridarte più)

(Inspirado en la noticia del bombardeo del cementerio romano de Campo Verano por las fuerzas aliadas, el 19 de julio de 1943).

Deja de matar a los muertos,

no grites más, no grites

si aún quieres oírlos,

si esperas no morir.

 

Son un susurro apenas,

semejante al rumor

de la hierba que crece

alegre donde el hombre no pasa.

 

 

FASE DE ORIENTE - (Fase d’oriente) - (De Il Porto Sepolto)

En el tenue fulgor de una sonrisa

sentimos que nos ata un torbellino

de brotes de deseo

 

Nos cosecha el sol

 

Cerramos los ojos

para ver nadar en un lago

promesas infinitas

 

Nos descubrimos marcando la tierra

con este cuerpo

que ahora nos pesa demasiado.

 

 

ATARDECER - (Tramonto) - (De Il Porto Sepolto)

El cielo rosa

devela oasis

al nómada de amor.



UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XLIII - GASPARA STAMPA

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 CAPÍTULO XLIII

GASPARA STAMPA

 

Gaspara Stampa, poetisa y cantante del Renacimiento italiano. También fue una virtuosa intérprete del laúd.

Padua, 1523; Venecia, 23-04-1554.

      Nació y creció en el seno de una acomodada familia donde Bartolomeo Stampa, su padre, era un próspero comerciante de oro y joyas.

      A los ocho años perdió a su padre y la familia se mudó a Venecia, donde Cecilia, su madre veneciana, se ocupó de que los tres chicos recibieron una esmerada formación en latín, literatura, historia, música y arte. Pronto, Gaspara y su hermana Cassandra se destacaron como cantantes y su casa se convirtió entonces en un imán para las principales figuras de los círculos literarios y artísticos venecianos.

      Hacia 1543 perdió a su hermano Baldassarre, un hecho devastador para ella, que llegó a considerar la idea de retirarse a un convento.

      Uno de sus primeros amores fue un joven de apellido Gritti. Posteriormente, en la Navidad de 1548, con veinticinco años, conoció y se enamoró del conde Collaltino de Collalto y empezó a escribir poemas en su honor. La relación prosperó durante los siguientes tres años, pero los viajes frecuentes del conde, especialmente a Francia, donde al parecer finalmente se casó, ocasionaron la ruptura. El retrato que la biógrafa, historiadora y periodista italiana María Bellonci hace de Collaltino, muestra un hombre insensible, rudo y calculador, inferior a ella no sólo en el aspecto poético.

      Gaspara estuvo al borde de la depresión, pero encontró refugio en los brazos del caballero veneciano Bartolomeo Zen, y una válvula de escape en la poesía. De hecho, sus poemas de esa época, de los cuales por lo menos una docena fueron inspirados por Zen, un hombre del que poco se sabe, la recuerdan como una de las poetisas más influyentes del siglo XVI. Sus celebrados versos líricos, a menudo han sido comparados con los de Safo.

Fue elegida miembro de la Accademia dei Dubbiosi en 1550, época en la que escribió bajo el nombre de "Anaxilla".

En 1553, su salud empezó a resentirse y se mudó a Florencia con la esperanza de que el mejor clima aliviara sus quebrantos. Sin embargo, su salud no mejoró, y a principios de abril del año siguiente regresó a Venecia, donde murió quince días después, según el registro parroquial, de una fiebre maligna, cólicos y lo que en Venecia se llamaba mal de mare, la “enfermedad del mar”. El novelista David Markson, escribe en This is not a novel: “Gaspara Stampa murió de lo que puede haber sido cáncer de útero”.

Para redondear la incertidumbre, unos pocos aventuran la hipótesis del suicidio. Tenía 31 años.

      A pesar de su muerte prematura, Gaspara escribió 311 poemas, entre sonetos, madrigales, sextinas y canciones. La primera edición de sus poemas fue publicada póstumamente en 1554, editada por su hermana Cassandra bajo el nombre de Rime di Madonna Gaspara Stampa, y dedicada al poeta florentino Giovanni Della Casa.

      La colección tiene forma de diario y allí Gaspara expresa sus alegrías y sus angustias emocionales.

      Casi cuatro siglos después, el poeta Rainer Maria Rilke se refiere a Gaspara en la primera de sus diez elegías Duino Elegies, considerada a menudo como su obra maestra.


SONETO V

A menudo comparo a mi señor

con el cielo. Es el sol su bello rostro;

sus ojos, las estrellas; sus palabras

son la armonía del señor de Delos.

Las tormentas, los truenos, hielos, lluvias,

son su desprecio cuando se enfurece;

hay bonanza y hay calma cuando quiere

rasgar el velo amable de su furia.

La primavera, el germinar de flores,

es el tiempo en que nace mi esperanza,

y me promete largas alegrías.

Llega el macabro invierno y amenaza

con cambiar ansiedades y moradas,

y quitarme mis más caros honores.


SONETO VII

Quien quiera, damas, ver a mi señor,

busque a un hombre de aspecto leve y dulce,

joven de años, viejo de intelecto,

imagen del valor y de la gloria:

rubio el cabello y el semblante vivo,

de alta estatura y espacioso pecho,

y finalmente, recto en sus acciones,

si bien un poco cruel en el amor.

Y que después quien quiera conocerme

busque a una que muestra en su semblante

la imagen de la muerte y del martirio,

albergue de la fe firme y constante,

una que, aunque suspira, llora y arde,

no halla en su cruel amante la piedad.


SONETO VIII

Si siendo como he sido, vil y abyecta,

llevo en mi pecho tan ardiente fuego,

¿por qué no hacerlo arder siquiera un poco

para mostrarlo al mundo con estilo?

Y si Amor con pasión extraña y nueva,

a tan altos lugares me condujo,

¿por qué no puedo hacer con sabio juego

que sean una sola pena y pluma?

Y si natura no me lo permite,

por milagro podré, que muchas veces

vence, traspasa y rompe toda regla.

Y no puedo decirlo expresamente,

pero puedo sentir que, por ventura,

hay en mi corazón un nuevo estilo.


SONETO LXXVIII - (Se cree que fue inspirado por el conde Collaltino de Collalto, en uno de sus viajes a Francia).

Amor, cubre los ojos que me ataron

para que nunca vean la belleza,

la buena educación y cortesía

de las bellas mujeres que hay en Francia;

para que, cuanto ahora es dulce y grato,

no se convierta en aspereza y llanto

porque desprecio todo en esta vida,

excepto por su luz clara y serena.

Y si él encuentra, por ventura, alguna

que merezca su amor y que ilumine

aquel tenaz y fuerte corazón,

hiérelo con tu flecha envenenada,

o dame muerte con tu dardo de oro,

porque vivir no quiero en tal estado.


SONETO CLXXXIV

Ya no encuentro más rimas, con que pueda

cantar vuestro valor, vuestra belleza,

y de mi corazón contar las penas;

tal es su fuerza, la que a mí me falta.

Y, como llama que por dentro crece

y no puede salir a desahogarse,

crece el dolor con mis internas ansias

y consume mis médulas y huesos;

y entre todos los bienes y los males

que el Amor suele dar, es mi ventaja,

que no puedo decir cuántos, ni cuáles.

Entonces tú, luciente y vivo rayo,

dame vigor y dame, Amor, las alas,

para volar y abrir mi corazón.


EPITAFIO

Por amar mucho y ser tan poco amada

vivió y murió infeliz, y ahora aquí yace

la amante más leal que haya existido.

Pide, viajero, que descanse en paz,

y aprende de su vida maltratada,

a no seguir a un corazón huidizo.