UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XLIX - RENÉE VIVIEN

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 CAPÍTULO XLIX

RENÉE VIVIEN

 

Pauline Mary Tarn, poetisa británica que escribió en francés.

Nació en Londres el 11-06-1877, de padre inglés y madre estadounidense. Murió en París el 18-11-1909.

      En 1878 la familia se instala en París y a los cinco años la pequeña empieza a tomar lecciones de piano e ingresa a una escuela privada.

     En 1886 muere su padre a los cuarenta años y Pauline queda bajo la custodia de su tío paterno William Tarn. Ingresa en una residencia de Fontainebleau, donde empiezan sus primeras lecturas, escribe sus primeros versos y conoce a una estadounidense que sería una de sus amigas de toda la vida: Violette Shillito.

      A los trece años su tío la instala en Londres en la residencia de su madre. Un año después muere su tío y Pauline queda bajo la dependencia exclusiva de su madre, que siempre había mostrado más interes en la herencia de su marido que en el futuro de la niña.

      Con quince años y acompañada de Violette Shillito, mientras pasan el verano en los Pirineos descubre la poesía de Victor Hugo.

      Desde 1895 vive en Londres, entre otras razones porque la justicia le asigna un tutor y debe permanecer en el país hasta su mayoría de edad. Regresa entonces a París en 1899 y se reencuentra con Violette Shillito, cuya influencia esta vez será definitiva: la literatura del Dante; la música de Wagner, el desprecio a los hombres…  De hecho, a finales de este año le presenta a su amiga Natalie Clifford Barney, la rebelde aristócrata estadounidense, poeta, escritora y novelista exiliada en París, que por esa época empezaba a convertirse en la exclusiva salonnière que por sesenta años recibió a lo más selecto de la intelectualidad europea de su tiempo e instituyó lo que para entonces eran las más alarmantes extravagancias de la cultura. El flechazo fue instantáneo. Viven su idilio con un aire de libertad que desafiaba todas las convenciones, y Pauline le dedica una gran cantidad de poemas que aparecen al año siguiente (1901) en su primer libro Etudes et Preludes. Ya era Renée Vivien.

      En los primeros días de abril de 1901 su amiga Violette Shillito enferma de fiebre tifoidea y muere en Cannes tras haberse convertido al catolicismo, lo cual significó para Vivien un inmenso dolor, pero también una inspiración para nuevos poemas.

      En 1902, las diferencias con Natalie Barney acabaron por romper la relación. Renée Vivien emprende un viaje por Austria en compañía de la baronesa Hélène de Zuylen a quien había conocido a finales del año anterior. Ese mismo año publica Cendres et poussières.

      A comienzos de 1903, aparece Evocations, que tuvo muy buenos elogios de la crítica, y a finales del mismo año publica La Vénus des aveugles, que fue recibida con cierto escepticismo.

      En 1905 viaja a Lesbos, donde empieza su interés por las civilizaciones y religiones orientales, especialmente por el budismo.

En 1907 hace un viaje a Japón y Hawaii en compañía de su madre.

      En 1908 durante una corta estadía en Londres intenta nuevamente quitarse la vida con una elevada dosis de láudano y, aunque sobrevive, su salud comienza a dar señales alarmantes.

      En 1909, después de cortas estadías en Niza y Londres, regresa a París en septiembre, completamente exhausta.

      Decide, como su amiga Violette, convertirse al catolicismo. Días después tuvo una severa neumonía complicada con alcoholismo, abuso de drogas y anorexia. Murió el 18 de noviembre.

      La ceremonia religiosa se llevó a cabo en Saint-Honoré d'Eylau.

      Además de las obras citadas, vale la pena mencionar A l'heure des mains jointes, Flambeaux éteints, Sillages, Poèmes en Prose, Dans un coin de violettes, y Haillons.

      A la entrada del Cementerio de Passy, en París, donde reposan sus restos, sobre el muro de una pequeña capilla gótica, se lee:

 

Aquí reposa la gran poetisa RENÉE VIVIEN

PAULINE MARY TARN

Muerta el 18 de noviembre de 1909.

Epitafio

Esta es la puerta por donde he salido…

¡Oh mis rosas y espinas!

¿Qué me importa el pasado mientras sueñe

con las cosas divinas?...

Esta es mi alma en celestial delirio

y en paz adormecida,

perdonando por amor a la Muerte,

este crimen: ¡La Vida!

Renée Vivien.


EPITAFIO - (Épitaphe)

Pasaste lentamente del sueño hacia la muerte,

de la noche a la tumba y del sueño al silencio,

como se desvanece de un acorde el sollozo

al aire de una tarde dormida del verano.

Al fondo del crepúsculo naufragan los colores,

donde el pálido mundo zozobra entre los sueños,

parece que escucharas murmurar en las venas

de las flores, el flujo musical de la savia.

La seda de la tierra con sus caricias mudas

te ciñe, y en tu frente sollozan las violetas.

 

DEJAD QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A SUS MUERTOS. (Let the dead bury their dead)  

Llegó la noche: Voy a sepultar mis muertos,

mis sueños y deseos, dolores y pesares,

todo el pasado...voy a sepultar mis muertos.


He sepultado en medio de violetas sombrías,

tus ojos y tus manos, tu frente y labios mudos.

¡Oh tú que en medio sueñas de violetas sombrías!


Me llevo este postrero rayo de tu mirada...

Con golpes de la vida, con giros del azar,

la paz también me llevo de tu final mirada.


Y cubriré de incienso, de rosas y más rosas,

la cabellera pálida, los párpados cerrados

de un amor cuyo fuego consumieron las rosas.


Que me cubran, heladas, las almas de los muertos,

y calmen mis temores y mis remordimientos,

con esa paz sonriente que respiran los muertos.


Que tenga entre mi lecho gigante de violetas,

esa paz inmutable de eternidades mudas

donde muere el aroma de las dulces violetas.


Que se refleje, al fondo de mi calma mirada,

un crepúsculo inmenso, desdibujado, inmóvil

que disminuya el fuego de mi calma mirada.


Pero que también lleve perfume de las rosas,

mientras cubren piadosos mis párpados cerrados

los lotos y los lirios, las rosas y las rosas...


SONETO A LA MUERTE - (Sonnet à la Morte)

Espero, ¡oh Bienamada!, virgen de casta frente,

en esta triunfal noche de pompa y de alegría,

tu himen con la pureza de perpetua ternura

y el amor de tus besos delicado y profundo.

Cubrirán nuestro lecho de temblorosas flores

mientras proclama el órgano la excitación nupcial

cuyo grito semeja la angustia de la sombra

donde tú palideces como lirio infecundo.

La paz de los altares se colmará de llamas;

los llantos, los perfumes y los epitalamios,

los rezos y el incienso vendrán hasta nosotras.

A pesar de la aurora seguiremos durmiendo

el letárgico sueño de yacentes esposos,

y nuestra larga noche no temerá a la aurora.


TU FORMA ES UN RELÁMPAGO - (Ta forme est un éclair)

Tu forma es un relámpago que deja los brazos vacíos,

tu sonrisa el instante que no se puede asir…

Tú huyes al llamado de mis ávidos labios

¡Te imploro, oh mi Deseo!

Más fría que la Esperanza, tu caricia malvada

pasa como un perfume, muere como un reflejo.

¡Ah, el eterno anhelo y la sed eterna

y el eterno lamento!

Rozas sin abrazar, igual que la Quimera

hacia donde van siempre las ansias incumplidas…

¡Nada vale el tormento ni el éxtasis amargo

de tus escasos besos!


VERSO DE AMOR - (Vers d’amour)

Tú guardas en los ojos el placer de las noches,

¡Oh dicha inesperada de soledades hondas!

Tus besos se parecen al sabor de las frutas

y tu voz es presagio de mágicos preludios

que el mar a la belleza murmura de las noches.

Llevas sobre la frente languidez y delirio,

juramentos eternos y promesas de amor,

parece que evocaras la caricia miedosa

cuyo ardor disimula la claridad del día

y te deja en la frente languidez y delirio.


INVOCACIÓN A LA LUNA - (Invocation à la Lune)

¡Oh Luna, cazadora de flechas tan ligeras,

ven, destruye de un golpe mis amores falaces!

¡Destruye falsos besos y falsas esperanzas,

tú, cuyas flechas hieren las negras muchedumbres!


¡Tú que fuiste la Amiga, pero también la Amante,

inclínate hasta el fondo de mi enorme tristeza!...

¡Dime que no hay mirada divinamente bella

para aquel que contempla la mirada del agua!...


¡Oh Luna, tú que sabes dispersar las mentiras,

aleja la manada llena de malos sueños!

¡Aguza el reluciente arco de azul plateado

y dame la esperanza de tu rayo en la noche!


¡Tú que haces que el alma se rinda ante ti misma,

en su fría verdad, indiferente y pálida!

¡Oh tú, la victoriosa contrincante del día,

concédeme la gracia de escapar del amor!


CANCIÓN - (Chanson)

El vuelo del murciélago,

tortuoso, angustiado, extraño,

con el batir de magulladas alas,

regresa y se aleja y se extravía.

¿No has sentido cómo en un momento,

ebria de tantos vanos sufrimientos,

mi alma se lanzaba enloquecida

a tus queridos labios tan lejanos?