UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO L - VOLTAIRE

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  CAPÍTULO L

VOLTAIRE

 

François Marie Arouet, escritor, poeta, historiador y filósofo francés.

París, 21-11-1694; Id., 30-05-1778.

      De familia noble y acaudalada, fue figura sobresaliente de la intelectualidad del siglo XVIII y pensador insigne de la llamada Ilustración, cuyo credo laico y anticlerical marcó el camino de los teóricos de la Revolución Francesa.

      A los siete años perdió a su madre, y su padrino, el abate de Châteauneuf, un libertino que no podía considerarse precisamente el mejor tutor, se encargó de su educación y lo inscribió en el colegio jesuíta Louis-Le-Grand, uno de los mejores de París.

      En contraste con la educación jesuíta, a los doce años el abate, estudioso del pensamiento de Epicuro, lo presentó en la sociedad del Temple, una cofradía de librepensadores que entonces presidía el abate Chaulieu y cuyos habitués defendían el libertinaje y desafiaban las convenciones morales y religiosas de sus contemporáneos. Fue allí, probablemente, donde adquirió el pensamiento liberal, irreverente y anticlerical que defendería el resto de su vida.

      En el Panteón de París, donde reposan sus restos, se lee:

A los Manes de Voltaire. La Asamblea Nacional ha decretado el 30 de mayo de 1791 que había merecido los honores debidos a los grandes hombres.

Poeta, historiador, filósofo, engrandeció el espíritu humano y lo preparó para la obligación de ser libre.

Combatió a los ateos y a los fanáticos; promovió la tolerancia.

Reclamó los derechos del hombre contra el servilismo de la feudalidad.

      De acuerdo con su voluntad, su corazón fue llevado a la aldea suiza de Fernay, donde pasó sus últimos años. La inscripción dice:

Su espíritu está en cualquier parte, pero su corazón está aquí.


     Sus últimas palabras, según uno de sus biógrafos:

Me voy acercando lentamente a ese momento en que los filósofos y los imbéciles tienen el mismo destino.

      También se le atribuyen éstas, al sacerdote que esperaba de él una conversión: ¡En el nombre de Dios, déjeme morir en paz!

      Y al observar cerca una lámpara: ¿Las llamas tan pronto?


EPÍSTOLA CXXII

Al Señor Príncipe de Ligne, sobre el falso ruido de la muerte del autor, anunciado en la Gaceta de Bruselas, en febrero de 1778.


Príncipe, cuyo espíritu encantador

me atrae con tanta gracia,

si yo hubiera muerto, como se ha dicho,

¿usted no habría tenido el crédito

de arrancarme del oscuro imperio?

Porque sé muy bien que es suficiente

con algunas notas de vuestra lira.


Es así como lo hacía Orfeo

en la venerada antigüedad;

y es una cosa comprobada

que más de un muerto resucitó.


Creemos que, en vuestra gaceta,

cuando se habla de mi muerte,

no hay ninguna indiscreción;

ellos no se equivocaron.


De hecho, ¿qué es la vida?

Es un día: tal es su destino.

¿Qué importa que haya terminado

en la tarde o al amanecer?


N'auriez-vous pas eu le cr Car je sais très bien qu'il suC'est ainsi qu'Orphée en usaiEt c'est une chose avérCroyez que dans votre gazetteCes messieurs ne se trompaient Qu'importe qu'elle soit fi

LA DONCELLA DE ORLEANS - La Pucelle d’Orléans. Chant Premier.
Ensalzar a los santos tú me ordenas,
pero mi voz es tenue y secular.
Cantar debo por tanto a esta Juana,
que prodigios, se dice, hizo divinos.

Ella fortaleció con manos vírgenes
los lirios de la estirpe galicana,
salvó a su rey de la anglicana furia
y lo hizo ungir en el altar de Reims.

Mostró bajo su rostro femenino,
debajo del corsé y del cotillón,
todo el coraje del mejor Rolando.

Yo amaría mejor para mis noches
un dulce corazón de corderillo,
y el de Juana era fiero y de león:
ya lo sabrás lector, leyendo el libro.

Temblarás con sus últimas hazañas,
y la mayor de sus valientes gestas
fue mantenerse virgen todo un año.