CAPÍTULO LXXIII - SYLVIA PLATH

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 CAPÍTULO LXXIII 

SYLVIA PLATH

  

Sylvia Plath Hughes, poetisa y novelista estadounidense.

Boston, Massachussets, 27-10-1932; Londres, 11-02-1963.

Su padre era profesor de biología y alemán en la Universidad de Boston, y su madre era profesora de inglés y alemán. Ambos eran de ascendencia alemana. En 1940 la diabetes acabó con la vida de su padre y la familia decidió mudarse a Wellesley.

Sylvia Plath escribió su primer poema a los ocho años. A los diecisiete, al terminar su High School en el Instituto de Wellesley, publicó su primer texto en la revista Seventeen Magazine, un relato corto titulado And summer will not come again.

En 1950 ingresó al Smith College de Northhampton y en 1952 publicó en la revista universitaria Mademoiselle, la que sería su primera historia premiada, Sunday at the Mintons.

Estudiante brillante, se graduó con honores y ganó una beca Fulbright para estudiar en Cambridge, donde conoció al poeta Ted Hughes. Dos días después, Sylvia escribió y le dedicó Pursuit, un poema, según ella, “sobre las oscuras fuerzas de la lujuria”.

Se casaron en 1956, tuvieron dos hijos y se separaron 6 años después, aparentemente por las infidelidades de Ted.

Su libro The Collected Poems le mereció ser la primera en ganar un Pulitzer post mortem en 1982.

The Bell Jar, de corte autobiográfico, es su única novela, publicada bajo el seudónimo de “Victoria Lucas”.

Los críticos ubican la obra de Plath dentro de la llamada poesía confesional.

Con apenas 30 años, agobiada por dificultades económicas, depresiones, desórdenes mentales y su temprana tendencia al suicidio, acostó a sus hijos y se asfixió abriendo la llave de gas de la cocina.

Sus restos reposan en el Cementerio de la Iglesia de Heptonstall, Yorkshire, Inglaterra. El epitafio dice:


Aún entre voraces llamas

puede plantarse el loto dorado.


De acuerdo con Ted Hughes, el epitafio es una cita del Bhágavad-guitá (Majábharata), pero en realidad proviene del libro Monkey, un clásico de la literatura china del siglo XVI, del escritor Wu Ch’Eng-En.

En el Rincón de los Poetas de la Catedral de San Juan en New York, un cenotafio honra su memoria con un verso de su poema La luna y el tejo:


                            Esta es la luz de la mente, fría y planetaria.


PERSECUCIÓN - (Pursuit)    

                                                                             Desde el fondo de los bosques tu imagen me persigue.
                                                                                                        (Dans le fond des forêts votre image me suit).
                                                                                                                                                                           Jean Racine. 
                                                                   

 Un leopardo negro me persigue
 y finalmente un día me matará;
 su codicia los bosques ha incendiado,
 más señorial que el sol es su acechanza.

 
 Su paso se desliza suavemente,
 y avanza sin reposo a mis espaldas;
 y en la cicuta grajos agoreros
 graznan. ¡Esto es la caza! ¡Trampa lista!

 
 Malherida, camino por las rocas
 bajo el ardiente sol del mediodía.
 Entre la roja red de sus arterias
 ¿Qué fuego corre? ¿Qué ansiedad despierta?

 
 Insaciable, escudriña entre la tierra
 condenada por faltas ancestrales,
 grita: sangre, dejad que corra sangre.
 La carne ha de saciar su boca herida.

 
 Afilados, los dientes carniceros,
 suave el pelaje de quemante furia;
 sus besos arden, zarzas son sus garras,
 la perdición consuma ese apetito.

 
 En el sendero del feroz felino,
 para su dicha, ardiendo como antorchas,
 hay mujeres quemadas, renegridas,
 carnada apenas de su cuerpo hambriento.

 
 Las colinas amagan, gestan sombras;
 la medianoche cubre la arboleda;
 el negro predador, de amor inflado,
 sobre gráciles ancas, va a mi ritmo.

  
 Tras la visión borrosa de mis ojos
 acecha el ágil; y sus garras fieras
 en la emboscada de los sueños brillan,
 y el hambre, el hambre de sus muslos tensos.

 
 Su ardor me atrapa, enciende la arboleda,
 salgo corriendo con la piel en llamas;
 ¿qué bonanza, qué paz puede cubrirme
 de esos ojos de fuego que me queman?

 
 Le arrojo el corazón para frenarlo,
 para saciar su sed malgasto sangre;
 devora, pero nunca es suficiente,
 impone el absoluto sacrificio.

 
 Su voz me aborda, me produce un trance,
 el bosque se derrumba hecho cenizas;
 consternada por un secreto anhelo,
 huyo de la embestida de su brillo.

 
 Ingresando a la torre de mis miedos,
 cierro mis puertas a la oscura culpa,
 aseguro la puerta, cada puerta,
 y hay estruendo de sangre en mis oídos:

 
 El leopardo está en las escaleras,
 y las viene subiendo a paso firme.

 

 

 PERSPECTIVA - (Prospect)
 Entre los techos de anaranjadas tejas
 y los cañones de las chimeneas

 se desliza la niebla del pantano
 gris como las ratas,

 
 mientras en la rama lunareja
 del sicomoro
 dos grajos negros se inclinan
 y oscuramente brillan,

 
 esperando la noche,
 con mirada de absenta
 hacia la solitaria, retrasada
 figura caminante.

 
 
 AL BORDE - (Edge)
 La mujer ahora es perfecta.

 Su cuerpo muerto
 viste la sonrisa del triunfo,
 la ilusión de un hado griego
 fluye entre los pliegues de su toga,
 sus pies desnudos
 parecen decir:
 Hemos llegado demasiado lejos, se acabó.

 Cada niño amortajado, una serpiente blanca,
 cada uno con su pequeña
 bolsa de leche, ya vacía.
 Ella los ha plegado
 hacia su cuerpo como pétalos
 de una rosa que se cierra cuando el jardín
 se cubre de escarcha y las fragancias se esparcen
 desde las dulces y profundas gargantas de la flor de la noche.
 La luna que otea desde su torre de marfil,
 no tiene por qué entristecerse,
 está acostumbrada a esto.
 Sus sombras fúnebres crujen y se arrastran.
 
 
 ÚLTIMAS PALABRAS - (Last Words)

 No quiero una urna sencilla, quiero un sarcófago

 con franjas atigradas, y una cara
 redonda como la luna, para contemplar.
 Quiero mirarlos cuando lleguen
 escogiendo entre sucios minerales, las raíces.

 
 Ya los veo, las caras pálidas, distantes como estrellas.
 Ahora no son nada, ni siquiera embriones.
 Los imagino sin ancestros, como los primeros dioses.
 Se preguntarán si fui importante.
 
 ¡Debería endulzar y conservar mis días como una fruta!
 Mi espejo se está empañando ---
 Unas pocas respiraciones más, y no reflejará nada.
 Las flores y las caras palidecen como una sábana.
 
 No creo en el espíritu. Escapa como vapor
 en mis sueños, a través de la boca o el ojo.
 No puedo detenerlo.
 Un día no volverá. Así no son las cosas.
 
 Permanecen, sus tímidos destellos especiales
 tibios por el calor de las manos. Casi ronronean.
 Cuando se enfríen las plantas de mis pies,
 el ojo azul de mi turquesa habrá de consolarme.
 
 Déjenme mis ollas de cobre, dejen que mis cosméticos
 florezcan sobre mí como flores nocturnas, fragantes.
 Me envolverán con vendas, guardarán mi corazón
 bajo mis pies en un pulcro paquete.
 
 Será difícil reconocerme. Habrá oscuridad,
 y el brillo de estas pequeñeces será más dulce que la cara de Ishtar.  

 
 
 LADY LAZARUS - (Fragmento)

 Morir
 es un arte, como todo lo demás.
 Yo lo hago excepcionalmente bien.
 Lo hago para que parezca un infierno.
 Lo hago para que parezca real.
 Supongo que podríamos llamarlo una vocación.
 Es muy fácil hacerlo en una celda.
 Es muy fácil hacerlo y permanecer impasible.
 ¡Es teatral!

 

 
  CITAS
  
  - Mi gran tragedia es haber nacido mujer.


 - Aunque el amor llegue un día, me da miedo que tan sólo sea esto; y, aunque el amor   llegue  un día, también me da miedo que sea mucho más.

 - Prefiero a los médicos, a los abogados, a las parteras… a cualquier cosa antes que a los   escritores, son lo más narcisista que existe.

 - Para la persona encerrada en la campana de cristal, vacía y detenida como un bebé     muerto, el mundo mismo es la pesadilla.

 
 



CAPÍTULO LXXII - MARY PYPER

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 CAPÍTULO LXXII

MARY PYPER

 

Mary Pyper, poetisa escocesa autodidacta.

Greenock, Renfrewshire, 27-05-1795; Edimburgo, 25-05-1870.

Era hija única de humildes padres escoceses. Su padre era un relojero, llamado Alexander Pyper, que se había casado con Isabella Andrews, ambos nativos de Edimburgo. Al no poder obtener un empleo regular en su ciudad natal, los padres de Mary se trasladaron hacia el oeste en busca de trabajo. Mary Pyper, en una carta autobiográfica, dirigida al reverendo Charles Rogers, afirma que “su padre se alistó en el regimiento 42 Highlanders, debido a que no pudo encontrar empleo”.

Alexander, al salir de Dublín hacia Inglaterra, tropezó y se fracturó la pierna. El accidente lo dejó incapacitado para el servicio activo y fue dado de baja. No sobrevivió mucho tiempo, y a la edad de seis meses, Mary Pyper quedó huérfana.

Imposibilitada para asistir a la escuela debido a sus recurrentes enfermedades, Mary estudió Historia y Literatura en casa y recibió educación adicional de su propia madre. Aprendió a elaborar encajes, pero su frágil salud no le permitió trabajar en la industria, y ella y su madre sobrevivieron fabricando botones y trabajando en una tienda de adornos en Edimburgo.

En sus largas vigilias, Mary se familiarizó con algunos autores célebres como Shakespeare, Milton, Scott y Cowper.  A partir de estas lecturas, empezó a escribir poesía y encontró en ella consuelo y “un placer no pequeño”.

En 1847 apareció Selected Pieces, el primero de sus dos volúmenes de versos.

En 1860, gracias al patrocinio del impresor y editor Thomas Constable consiguió publicar un pequeño volumen de poemas que tuvo muy buena acogida y un par de himnos fueron publicados en las páginas de Lyra Britannica.

Mr. Henry Wright, compilador de la obra Lays of Pious Minstrels, escribió en el prefacio: “Llamo la atención de mis lectores hacia los poemas Let me go, Servant of God, y We Shall see Him as He is, composiciones de Miss Mary Pyper…, de muy avanzada edad, muy sola en el mundo, totalmente ciega, y en extrema pobreza”.

Estuvo confinada en su cama durante los últimos seis años de su vida a causa de su mala salud, algunas lesiones tempranas y la pérdida de la visión en su vejez.

En una carta autobiográfica, le escribió al Reverendo Charles Rogers: “Hace unos diez años, trabajando en la iglesia de nuestra escuela me caí y me rompí un brazo. Ocho meses después, pintando mi casa me fracturé la espalda, y el año pasado me caí en la nieve y resulté gravemente herida en la cabeza.”

Sus amigos le ayudaron a sobrellevar sus dificultades, que ella soportó estoicamente gracias a su fortaleza cristiana.

A pesar de la aceptación de su primer libro, no hubo para ella mayores dividendos en dinero. En 1865 se publicó una recopilación de sus poemas, extraordinariamente exitosa, cuyos ingresos le permitieron soportar bastante mejor las amarguras de sus últimos años.

Es admirable la belleza de su poesía, considerando que no tuvo una educación formal y, adicionalmente, debió enfrentarse a tantas adversidades.

Sus cenizas reposan en el Cementerio de la Iglesia de Greyfriars, Edimburgo. El epitafio es una estrofa de su poema La visión cristiana de la muerte:


¡Dejadme ir! El día está asomando;

y la mañana estalla en mis pupilas,

este cuerpo mortal la muerte agita,

¡pero jamás el alma morirá!



LA VISIÓN CRISTIANA DE LA MUERTE - (The Christian’s View of Death)


¡Dejadme ir! El día está asomando;

y la mañana estalla en mis pupilas,

este cuerpo mortal la muerte agita,

¡pero jamás el alma morirá!


¡Dejadme ir! El Sol, esplendoroso,

tiñe de oro los radiantes reinos;

la gloria que me invade y me ilumina,

me conduce a la Tierra del Amor.



EPITAFIO: UNA VIDA - (Epitaph: A Life)


Nací en la madrugada y era la primavera,

la risa, y la campiña que en verde se vestía;

llegado el mediodía vagué por dondequiera,

y apareció el verano con toda su alegría.

Era mi vida plena; el otoño asomaba,

y lloré con el llanto de la melancolía;

las sombras de la noche cayeron; reposaba,

y a los primeros copos del invierno, dormía.



AL VER A DOS NIÑAS REGALAR UNA FLOR A UN MORIBUNDO

(On Seeing Two Little Girls Present a Flower to a Dying Person)

(Fragmento inicial)


Ven, siéntate junto a mi lecho de muerte,

con esa hermosa flor de verano;

que pueda aspirar su aliento balsámico

antes de mi hora final.

La pureza virginal del lirio,

el rico perfume de la rosa,

me hablan con voz emocionante,

preparando la tumba.


 

CAP;ITULO LXXI - BRUCE "UTAH" PHILLIPS

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 CAPÍTULO LXXI

BRUCE “UTAH” PHILLIPS

 

Bruce Duncan “Utah” Phillips, poeta, compositor, cantante folclórico, cuentista y activista estadounidense.

Cleveland, 15-05-1935; Nevada City, California, 23-05-2008.

Era hijo de Edwin Deroger Phillips y Frances Kathleen Coates. Su padre era un organizador laboral y el activismo de sus padres influyó en gran parte en el trabajo de su vida. Sus padres se divorciaron y su madre se volvió a casar. Phillips fue adoptado a la edad de cinco años por su padrastro, Syd Cohen, quien dirigía el Teatro Hippodrome en Cleveland, una de las últimas casas de vodevil de la ciudad.

Se le conoce como “La voz de oro del Gran Suroeste”. A menudo promocionaba en su música y en sus acciones y palabras, a los Industrial Workers of the World (IWW o Wobblies), asociación de la cual era miembro y se sentía muy orgulloso, y una de las muchas organizaciones a las que perteneció.

“Soy un anarquista y he sido un anarquista muchos, muchos años”, solía decir.

Asistió a la East High School en Salt Lake City, donde se involucró decididamente en las artes y el teatro.

Phillips conoció a la cantante de folk Rosalie Sorrels a principios de la década de 1950 y siguieron siendo amigos cercanos. Rosalie empezó a tocar las canciones que escribía Phillips y, a través de ella, su música comenzó a difundirse.

Sirvió en el ejército estadounidense durante tres años, en la misma década de 1950.

Era además un pacifista, miembro de Veteranos por la Paz y el Centro para la Paz del condado de Nevada.

Pero tenía también otras numerosas aficiones: Egiptología, lingüística, química, Historia Universal con énfasis en Asia y África, cocina, jardinería, y especialmente poesía.

A mediados de 1989 contrajo matrimonio con Joanna Robinson, cofundadora y Jefe de Investigación y Desarrollo del Hospitality House en Utah.

A comienzos de 2008 decidió rechazar un transplante de corazón y murió cuatro meses después debido a las complicaciones cardíacas que venía padeciendo.

Sus restos reposan en el Cementerio Forest View de Nevada City.


El epitafio proviene del álbum Cantando en los tiempos difíciles:


Cantando en los tiempos difíciles,

trabajando para los buenos tiempos por venir.



CANTANDO EN LOS TIEMPOS DIFÍCILES - (Singing Through Hard Times).


A veces nuestra vida se vuelve muy oscura, triste y sola,

y pareciera que no podemos hacer nada.

Nos encontramos con alguien, y juntos entonamos una canción,

y dejamos que nuestras voces se confundan.


Y cuando se juntan las nubes de la guerra es muy fácil enojarse,

así como no es difícil tener miedo,

pero en tu corazón sabes que no importa lo que pase,

simplemente no puedes dar la espalda y alejarte.


Juntos, de la mano, uno a otro nos ayudamos para llevar

dentro de nosotros cada día la luz de la paz,

y si así podemos aprender a vivir – a caminar y hablar y dar,

ese mundo de paz no estará lejos.


Estamos cantando en los tiempos difíciles,

cantando en los tiempos difíciles,

trabajando para los buenos tiempos por venir.



SI VOLVIERA A VIVIR MI VIDA - (If I Lived My Life Again)


Creo que si volviera a vivir mi vida

todavía estaría aquí con ustedes.

Creo que si volviera a vivir mi vida

todavía estaría aquí con ustedes.


Sabes que creo que si la dama de la fortuna era ciega

ese viejo sol no debería volver a brillar

y creo que si la muerte realmente le puso un cuchillo

todos deberíamos ser mendigos de la vida.


A veces deseo poder cerrar mis ojos

ante algunas cosas que no quiero ver

pero creo que si vivieras tu vida de nuevo

todavía estarías aquí conmigo.


Nunca veré el final de mi mente

todo tendrá su tiempo

¿Por qué debo pedir cosas que no necesito

o mentiras bonitas para ocultar mi codicia?



CITAS


- Es mejor ser simpático que talentoso.


- Sí, la memoria larga es la idea más radical en este país. Es la pérdida de esa memoria larga lo que priva a nuestro pueblo de ese flujo conectivo de pensamientos y eventos que aclara nuestra visión, no de hacia dónde vamos, sino hacia dónde queremos ir.



CAPÍTULO LXX - DOROTHY PARKER

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 CAPÍTULO LXX

DOROTHY PARKER

 

Dorothy Rothschild, poetisa, escritora, cuentista, dramaturga y crítica teatral estadounidense.

West End, New Jersey, 22-08-1893; Manhattan Beach, NY, 06-06-1967.

Era hija de un judío de origen alemán y de una cristiana de origen inglés. Recibió educación formal hasta los catorce años y a los veinte ya había perdido a toda su familia. Empezó entonces a ganarse la vida tocando piano en una escuela de baile. En 1914 logró que la revista Vanity Fair le comprara uno de sus poemas, y en 1915 la revista Vogue la contrató como asistente editorial.

Neoyorquina como pocas, fue la primera mujer en narrar con humor, ironía, sarcasmo, ingenio y refinamiento las crónicas de una ciudad que empezaba a ser la capital del mundo en las primeras décadas del siglo XX. Su apellido no era el de los Rothschild ricos y famosos, sino el de una rama de clase media emprendedora, pero sin mayores preocupaciones estéticas o culturales. 

Uno de sus biógrafos la define como “la gran moderna”. Fumadora, bebedora, independiente, feminista, izquierdista y a la par culta y refinada.

A los veinticuatro años se casó con Edwin Pond Parker II, corredor de bolsa de Wall Street. Se divorciaron once años después, en 1928, y Dorothy inició, entre otras, una relación sentimental con el exitoso dramaturgo y guionista convertido en reportero Charles MacArthur. Quedó embarazada, pero perdió el hijo, lo cual le causó una severa depresión que culminó con el primero de sus tres intentos de suicidio.

En 1919 fue una de los fundadores de la famosa Mesa Redonda de Algonquin, llamada maliciosamente “círculo vicioso”, grupo de críticos, escritores, poetas, periodistas, actores y dramaturgos, entre otros, que se reunían de noche en el Hotel Algonquin de New York a comentar los acontecimientos de la vida social y cultural de la ciudad.

En 1925, cuando el New Yorker debutó, ella formó parte de la plantilla editorial.

Su primera colección de poemas, Enough Rope, se publicó en 1926 y fue un éxito de ventas. Las dos siguientes fueron Sunset Gun en 1928 y Death and Taxes en 1931. Las tres colecciones fueron reunidas en 1936 en el volumen Not so deep as a well.

En 1930 ganó el prestigioso premio O. Henry por su cuento corto autobiográfico Big Blonde.

En 1934 se casó con el actor y escritor Alan Campbell, se divorciaron en 1947 y se volvieron a casar en 1950. Campbell murió de una sobredosis en 1963.

En 1959 fue llevada a la Academia Estadounidense de Artes y Letras.

El 6 de junio de 1967, dos meses antes de cumplir 74 años fue encontrada muerta debido a un ataque cardíaco en su habitación del Hotel Volney de New York.

En 1970, John Keats publicó una biografía de Dorothy Parker, y en 1987, apareció otra escrita por Marion Meade.

Sus restos fueron cremados y durante veinte años nadie reclamó sus cenizas. Actualmente reposan en un monumento de la Asociación Nacional para el Desarrollo de Personas de Raza Negra (NAACP), en Baltimore, Maryland.

La inscripción dice:


Aquí yacen las cenizas de Dorothy Parker

(1893-1967)

Humorista, escritora, crítica,

defensora de los derechos humanos y civiles.

Sugirió que su epitafio fuera

“Perdonen mi polvo”.

Este jardín monumento está dedicado a su noble

espíritu que celebró la concordia de la humanidad,

y a los lazos de amistad eterna entre

negros y judíos.


En Hymns of Hate es tal vez donde Dorothy se exhibe y se desnuda con mayor crudeza, con mayor autenticidad, pero también con su perfil más noble. No hay sobrevivientes después de estos versos de su afilada pluma (lengua): Odia a las mujeres, a los hombres, a las actrices, a los familiares, a los holgazanes, a los bohemios, a los actores, a los aburridos, las fiestas, los libros, a los jóvenes, a las esposas, a los esposos y a los colegiales. Un poema, un canto, un himno de odio para cada uno.


Leamos dos de sus diatribas:



CANCIÓN DE ODIO A LAS MUJERES - (Women. A Hate Song)

Odio a las mujeres;
me ponen nerviosa.

Están las Amas de casa.
Son las peores.
Cada momento está lleno de Felicidad.
Respiran profundamente
y dan largas zancadas, corriendo eternamente a casa
para encargarse de la cena.
Son de las que dicen,
con una sonrisa tierna: “El dinero no es todo”.
Siempre me encaran con vestidos,
diciendo: “Lo hice yo misma”.
Leen publicaciones para Mujeres y ensayan las recetas.
¡Oh, cómo odio ese tipo de mujer!

Luego están las Plantas Sensibles humanas;
las Manojos de Nervios.
Son diferentes a las demás; incluso te lo dirán.
Siempre hay alguien pisando sus sentimientos.
Todo les duele profundamente.
Sus ojos siempre están llenos de lágrimas.
Siempre quieren hablarme de las Cosas Reales,
las cosas que Importan.
Sí, saben que podrían escribir.
Las convenciones las sofocan.
Siempre anhelan alejarse - ¡Alejarse de Todo!
¡Pido al cielo que lo hagan!

Y luego están aquellas que siempre tienen problemas.
Siempre.
Usualmente tienen problemas con el Marido.
Son explotadas.
Son aquellas que nadie... entiende.
Lucen sonrisas tenues y nostálgicas.
Y, cuando se les habla, reaccionan.
Empiezan diciendo que deben sufrir en silencio.
Nadie lo sabrá nunca...
Y luego entran en detalles.

Luego están las Bien-Informadas.
Son plagas.
Lo saben Todo
y te lo dirán encantadas.
Sienten que su misión es corregir las opiniones erróneas.
Saben Fechas y Segundos nombres.
Absolutamente transpiran Actualidad.
¡Oh, cómo me aburren!

Están las que simplemente no pueden Comprender
por qué todos los hombres están locos por ellas.
Dicen que lo han intentado una y otra vez.
Te hablan del marido de alguien;
lo que dijo
y cómo se veía cuando lo dijo.
Y luego suspiran y preguntan,
“Querida, ¿qué pasa conmigo?”
... ¿No las odias?

Están las indefectiblemente Alegres.
Suelen ser solteras.
Siempre están ocupadas haciendo pequeños Regalos
y planeando pequeñas sorpresas.
Me dicen que mire siempre, como ellas, el Lado Positivo.
Me preguntan qué harían sin su sentido del humor.
A veces deseo matarlas.
Cualquier jurado me absolvería.

Odio a las mujeres;
me ponen nerviosa.

 

CANCIÓN DE ODIO A LOS HOMBRES - (Men. A Hate Song)

 

Odio a los hombres,

me irritan.

Están los Pensadores Serios --

Debería existir una ley contra ellos.

Ven la vida como con lentes de carey, con pesimismo.

Siempre están frotando sus manos cansadas

sobre sus cejas pálidas.

Hablan de la Humanidad

como si la acabaran de inventar;

tienen que seguir sosteniéndola.

Se deleitan con las huelgas

y están eternamente elevando demandas.

Hacen un acto maravilloso por los Grandes Pordioseros --

y hasta viven entre ellos.

Apenas pueden esperar

para que aparezca “The Masses” en los quioscos,

y leen todas esas novelas rusas --

best sellers de sexo.


Están los Hombres de las Cavernas --

especímenes humanos de sangre roja.

Todo lo comen casi crudo,

apenas salen de sus duchas frías,

y quieren que todos toquen sus músculos.

Hablan en voz alta,

usando breves palabras anglosajonas.

Viven abriendo ventanas,

golpean a la gente en la espalda,

y le dicen que necesita ejercicio.

Siempre están a punto de viajar a San Francisco,

o cruzar el océano en un velero,

o atravesar Rusia en un trineo --

¡Dios quiera que lo hagan!


Y luego están las Almas Sensibles

que hacen decoración de interiores, por amor al Arte.

Huelen ligeramente a vainilla

y ponen gotas de sándalo en sus cigarrillos.

Con frecuencia organizan bailes de disfraces

para poder asistir

como algo sacado de “Las mil y una noches”.

Ofrecen tés en el estudio

donde la gente se sienta en cojines

y desearía no haber venido.

Miran a una mujer lánguidamente, con los ojos entrecerrados

y le susurran, en tono apasionado,

lo que debe usar.

El color lo es todo para ellos, todo,

el tono equivocado del púrpura

les produce una crisis nerviosa.


Luego están aquellos

simplemente Inmersos en el Crimen.

Te cuentan que no han dormido

en cuatro noches.

Frecuentan esos dramas

donde lo único bueno

son las líneas del coro.

Se tambalean de un cabaret a otro

y te dan las cifras exactas de sus deudas de juego.

Insinúan oscuramente la parte terrible

que juega el alcohol en sus vidas.

Y luego sacuden la cabeza

y dicen que el Cielo debe decidir qué va a ser de ellos --

¡Ojalá yo fuera el cielo!


Odio a los hombres.

Me irritan.

 


EPITAFIO - (Epitaph)


En mi primera muerte, fue todo a mi manera

siguiendo la rutina de los cansados días.


Y me mantuve enhiesta, con la cabeza erguida,

pero sin la osadía de ver la luna nueva.


No osé mirar tampoco la dulce y joven lluvia

y hubo entre mis costillas un ligero dolor.


En mi segunda muerte me enterrarán más hondo

y alabarán mi sueño con gastadas palabras.


Oprimirán mi cuerpo con ataúd de mármol,

y me lanzarán rosas y guirnaldas de helechos.


Aquí dormiré tibia, aquí dormiré fresca,

mirando los gusanos lentamente pasar.



EPITAFIO PARA UNA DAMA QUERIDA - (Epitaph for a darling lady).


Fueron sus lentas horas como arenas

amarillas, en vano consumidas

en insensatas borlas y espirales

que tibias resbalaban en sus manos

fabricando castillos diminutos.

Uno tras otro los brillantes días

giraban en desorden de arco iris

que ella lanzaba hilados al arroyo.

Deja en su tumba fresca rosa roja,

guarda tu compasión, sigue tu ruta;

es feliz donde está y ella lo sabe

porque su polvo es una maravilla.



SÍNTESIS - (Resumé)


Las navajas duelen,

los ríos están húmedos,

los ácidos manchan,

y las drogas dan calambres.

Las armas no son legales,

las sogas asfixian,

el gas huele horrible,

también podrías vivir.



EPITAFIO PARA UN HOMBRE MUY RICO - (Epitaph for a rich man).


Quería lo mejor, y nada era suficientemente bueno;
no había barrera capaz de detener sus condiciones.
Aquí reposa, imponente entre la urna de ciprés,
y divierte a los gusanos más exclusivos.



VERANO INDIO - (Indian Summer. From Enough Rope)


Tenía en mi juventud una manera

de entregar lo mejor y complacer,

y de cambiar, con cada nuevo chico,

para adaptarme a cada parecer.

Mas, ahora conozco ya las cosas,

y lo que hago lo tengo bien sabido,

pero si no te gusta como soy,

al infierno contigo, mi querido.



CITAS


- Me encanta un Martini,

  dos como máximo.

  Después de tres estoy debajo de la mesa,

  después de cuatro, debajo de mi anfitrión.

 

- Cuatro son las cosas cuyo conocimiento me hace más sabia:

  la ociosidad, el dolor, un amigo y un enemigo.

  Cuatro son las cosas sin las cuales estaría mejor:

  amor, curiosidad, pecas y dudas.

  Tres son las cosas que nunca alcanzaré:

  envidia, satisfacción y suficiente champán.

  (Fragmento de su poema Inventory).


- La mujer y el elefante nunca olvidan.


- Lo primero que hago en la mañana es cepillar mis dientes y afilar mi lengua.