CAPÍTULO LXVIII - JOHN MILTON

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 CAPÍTULO LXVIII

JOHN MILTON

 

Poeta, escritor, historiador y ensayista inglés, autor de Paradise Lost, uno de los grandes clásicos de la literatura inglesa.

Londres, 09-12-1608; Londres, 08-11-1674.

Fue el segundo hijo de John y Sara Milton. Era muy buen estudiante y recibió una esmerada educación, acorde con la de las familias pudientes de su época. En 1632 se graduó con honores en Cambridge y luego se aisló por seis años en la casa de sus padres en Hammersmith para dedicarse a tiempo completo al estudio de los clásicos griegos y romanos, a la historia política y eclesiástica y a la composición literaria. Se le consideró uno de los escritores más instruidos de la literatura inglesa.

De sus primeras publicaciones son obras como On Shakespeare, L'Allegro, Il Penseroso, Time, Arcades, Comus y Lycidas.

Hablaba fluidamente francés, español e italiano, tenía conocimientos avanzados de latín, griego, hebreo y holandés, y era un estudioso del inglés antiguo.

En 1642, con treinta y cuatro años se casó con Marie Powell, de dieciséis. A los pocos meses, Marie lo abandonó, aparentemente agobiada por la rigidez y austeridad de sus costumbres, y regresó a casa de su familia en Oxfordshire. Tal vez creía más en las ideas monárquicas de su familia, que en las cada vez más antimonárquicas de su esposo.

Sin embargo, algunos biógrafos creen que el abandono se debió a que el poeta supo que el enlace no le aportaría la jugosa dote que esperaba, y con la cual tenía previsto saldar sus deudas. Después de casi tres años de ausencia, Marie regresó y la pareja pudo superar sus diferencias. Tuvieron cuatro hijos, Anne, Mary, John y Deborah.

Marie murió en 1652, por complicaciones posteriores al nacimiento de Deborah.

A raíz de la deserción de su esposa, Milton respondió con una serie de escritos a favor del divorcio, mismos que le ocasionaron problemas con la censura clerical y parlamentaria. Entre 1643 y 1645 escribió The Doctrine and Discipline of Divorce, The Judgment of Martin Bucer Concerning Divorce, Tetrachordon y Colasterion.

En 1644 publicó Areopagitica, su tratado más celebrado, donde hace una enérgica apología de la libertad de expresión.

En 1649, ya establecida la Commonwealth, Cromwell lo nombró ministro de lenguas extranjeras.

El año 1652 fue trágico para el poeta: Perdió completamente la vista a causa de un glaucoma, en mayo murió su esposa Marie, y un mes después murió John, su hijo de quince meses.

Ciego y viudo, Milton se casó por segunda vez en 1656 con Katherine Woodcock. Su matrimonio duró solo 15 meses: Tuvieron una hija, Katherine, pero ambas murieron a los pocos meses del alumbramiento.

En memoria suya, Milton escribió Methought I saw my late espoused saint. (Soneto XXIII).

En 1663, con cincuenta y cuatro años se casó por tercera vez con Elizabeth Minshull, de veinticuatro, pese a la oposición de sus hijas. Sin embargo, fue Elizabeth quien, junto a ellas, lo ayudó con sus necesidades personales, leyó libros a pedido suyo y se desempeñó como amanuense para registrar los versos que dictaba.

De sus escritos políticos y sociales sobresalen Eikonoklastes, Defensio pro populo anglicano, Defensio Secunda, Defensio pre se, A Treatise of Civil Power, Considerations touching the likeliest means to remove hirelings y The Tenure of Kings and Magistrates, en los que deja constancia de su apego a los principios republicanos, arremete contra la unión de la iglesia y el estado, critica la corrupción de la iglesia y defiende la supremacía del parlamento sobre el ejército. En The Tenure… incita a la abolición de la realeza tiránica y a la ejecución de los tiranos.

En 1667 se publica en diez libros Paradise Lost, su obra épica, cumbre de las letras inglesas y de la literatura universal. El poeta memorizaba los versos en la noche y en la mañana los dictaba a su esposa, a sus hijas o a sus asistentes. El éxito fue inmediato y al año siguiente se hizo una reimpresión con material adicional. En 1674, poco antes de su muerte se publicó la segunda edición en doce libros.

Tres extraordinarias obras en prosa destacan la profundidad de la erudición de Milton y el alcance de sus intereses: History of Britain, que aunque tardó mucho en elaborarse, quedó inconclusa en el momento de su publicación; Artis Logicae, escrita en latín con la idea de buscar audiencia continental; y la inacabada De Doctrina Christiana.

Posteriormente aparecieron Paradise Regained, Samson Agonistes, True Religion y Poems Upon Several Occasions.

Milton murió por complicaciones de la gota, probablemente por insuficiencia renal, un mes antes de cumplir 66 años.

Sus cenizas reposan en el Cementerio de la iglesia St. Giles en Cripplegate, Londres.

El epitafio dice:


John Milton, autor de “Paraíso Perdido”.


En la Abadía de Westminster hay también un monumento a su memoria erigido en 1888, que muestra escenas de su vida, con una inscripción del poeta estadounidense John Greenleaf Whittier:


El Nuevo Mundo honra a aquel cuyas nobles razones para la libertad de Inglaterra la hicieron aún más segura, y cuyo canto, inmortal como la razón de su vida, serán para siempre propiedad común mientras perduren ambos mundos.


En su Historia de la Abadía, en 1742, Jodocus Crull menciona que no se permitió inscribir en el monumento a Milton, estos versos de John Dryden, que también hacen referencia a Homero y a Virgilio:


Tres poetas, nacidos en tres épocas distantes,

engalanaron a Grecia, Italia e Inglaterra:

el primero (Homero), aventajado en elevación del pensamiento;

el segundo (Virgilio) en majestad; en ambas el último (Milton):

La fuerza de la naturaleza no podía ir más allá;

para hacer un tercero, ella unió los dos anteriores.


Al parecer, estas fueron sus últimas palabras:

La muerte es la llave de oro que abre el palacio de la eternidad.



EPITAFIO PARA WILLIAM SHAKESPEARE.

(An epitaph on the admirable dramatic poet W. Shakespeare).


¿Necesitan los huesos de nuestro amado Shakespeare

este regio sepulcro, labor de todo un pueblo,

para que una pirámide mirando a las estrellas

oculte para siempre sus venerables restos?


Hijo de Mnemosine, custodio de la Fama,

¿precisará tu nombre de un testigo tan frágil?

Tú mismo has construido perpetuo monumento

en nuestro diario asombro y en nuestra admiración.


Es casi vergonzoso que en tan difícil arte

fluyan fácil tus versos; cada corazón guarda

los délficos acentos que toma con respeto

de las sapientes hojas de tu invaluable Libro,


pero nuestra soberbia y afán por imitarte

nos dejan como estatuas, sin imaginación.

Y si entre tanta pompa deben dormir tus restos

morir quisieran Reyes por sueño como el tuyo.



CREÍ HABER VISTO A MI DIFUNTA ESPOSA - (Soneto XXIII)

(Methought I saw my late espoused saint)


Creí haber visto a mi difunta esposa

traída como Alcestis, de la tumba,

a quien Hércules dio feliz esposo,

pálida y rescatada de la muerte.


Mía, lavada del primer pecado,

pura y salva según la Ley antigua,

tal como espero contemplarla un día

en el Cielo, de luz resplandeciente.


Vino, toda de blanco, pura su alma,

y aunque velado el rostro, yo vi en ella,

que el amor, la bondad y la dulzura,

más claros que en ningún rostro brillaban.


Entonces se inclinó para abrazarme,

y desperté, y huyó y volvió mi noche.



CITAS


- Tal vez la muerte consista en esto, en cambiar la naturaleza humana por la divina.


- La mujer es el más hermoso defecto de la naturaleza.


- Una mente no debe ser cambiada por lugar o tiempo. La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer un cielo de un infierno, o un infierno de un cielo.


CAPÍTULO LXVII - EDGAR LEE MASTERS

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CAPÍTULO LXVII

                                              EDGAR LEE MASTERS *


 Edgar Lee Masters, poeta, novelista, biógrafo, dramaturgo y abogado estadounidense.

 Garnett, Kansas, 23-08-1868; Philadelphia, Pensilvania, 05-03-1950.
 Sus padres fueron el abogado Hardin Wallace Masters y Emma Dexter. Muy pronto su   familia se mudó a Lewistown, Illinois, la ciudad cercana a Springfield donde Edgar creció.   Asistió al Knox College, donde aprendió griego y alemán, pero debido a las finanzas de la   familia se vio obligado a retirarse después del primer año y a continuar sus estudios en   privado. Fue admitido en el Colegio de Abogados en 1891 y se mudó a Chicago en 1892,   donde encontró un trabajo en Edison Company.
 Después de numerosas aventuras de adolescencia y juventud, una noche de 1896 en un     bazar de caridad de la Chicago Friendly Aid Society, justo al lado de su casa, se sintió   repentinamente deslumbrado por la belleza y personalidad de Helen Mary Jenkins, hija de   Robert Jenkins, un influyente abogado de Chicago y su esposa Marcia. Con veintidós años,   rubia, de ojos color amarillo-gris, Helen acababa de graduarse en el Conservatorio de   Música del cercano Rockford College, con énfasis en piano y expresión vocal. Se   comprometieron en noviembre de ese año y se casaron a mediados de 1898.
 Con año y medio de preparación para la boda, tuvieron tiempo de conocerse mejor, y el   poeta percibió que casarse no era la mejor decisión y, de hecho, estuvo a punto de romper   el  compromiso, pero cedió a la presión social y a la sugerencia de su padre sobre que no   tenía más remedio que casarse con Helen. Se sintió “como un hombre que va a la silla   eléctrica”.
 Tal vez se veía más cómodo en su condición de soltero, al tanto como estaba de su   incapacidad para permanecer fiel a una mujer.
 Años después, escribiría: “Nunca tuve ninguna locura por ella”… “una mujer hermosa, con   una personalidad en la cual había muchas virtudes, demasiadas para mí”.
 Muy pronto, en abril de 1899 llegó Hardin, el primero de los tres hijos que tuvieron.  Entre  las responsabilidades y rutinas propias del matrimonio, y sus aventuras  extramatrimoniales -Tennessee Mitchell y Lillian Pampell Wilson, las más visibles-, sintió  que le faltaba aire y que no tenía libertad suficiente para dedicarse a la literatura.
 En 1921, Helen le negó el divorcio y el poeta abandonó su familia y se marchó a Europa.   Cuando finalmente acordaron separarse en 1922, él regresó a New York y en 1926 volvió a   casarse, esta vez con Ellen Frances Coyne, hija de un inmigrante irlandés y treinta años   más joven que él. Ella siguió su carrera como maestra, mientras él se instaló en el Hotel   Chelsea, a escribir.
 Ellen le dio su cuarto hijo y lo acompañó hasta su muerte.
 Su primera colección de poemas A book of verses, se publicó en 1898. Sus primeros libros,   algunos de los cuales fueron publicados bajo el seudónimo de Dexter Wallace, muestran   marcadas influencias de los poetas románticos ingleses y de Edgar Allan Poe.
 Durante algún tiempo, Masters le había enviado sus poemas a Marion Reedy, editor   del Reedy’s Mirror. Los poemas no se publicaron, pero Reedy mantuvo la correspondencia   con Masters y le envió una copia del libro de John William Mackail Selected Epigrams from the Greek Anthology. Su lectura le inspiró la obra que habría de consagrarlo: Spoon  River Anthology, una colección de monólogos a manera de epitafios en verso libre, grabados sobre las tumbas de un cementerio imaginario de Illinois, que narran la apología que cada uno de los muertos hace de sí mismo.
A través de las voces del más allá, van apareciendo el realismo, el cinismo, la hipocresía, los dramas íntimos, la mentira del sueño americano, las angustias y la pérdida de valores de la sociedad en que vivieron. No hubo quién se salvara: Retrató a ricos y pobres, héroes y villanos, putas y santas, ladrones y filántropos, fieles e infieles, religiosos y ateos, y más, muchos más.
Entre 1914 y 1915 los poemas fueron serializados en el Reedy’s Mirror. Luego fueron descubiertos por Harriet Monroe, el editor de Poetry, quien ayudó a Masters a publicar una edición completa en 1915. El éxito fue inmediato y rápidamente se reflejó en una veintena de ediciones, hasta convertirse en uno de los libros más populares en la historia de la poesía estadounidense. Para 1940 llevaba 40 ediciones.
Masters nunca volvería a conocer un éxito igual al de Spoon River Anthology. Sus numerosas publicaciones posteriores incluyeron seis novelas, veintiún poemarios, doce piezas de teatro y biografías de Abraham Lincoln, Mark Twain y Walt Whitman, por citar algunas, pero ninguna le devolvió los laureles de su célebre Anthology.
En sus últimos años recibió condecoraciones como el Poetry Society of America Award, el Shelley Memorial Award, una subvención de la American Academy of Arts and Letters, y la Academy Fellowship en 1946.
Murió en una casa de convalecencia en Filadelfia y sus restos reposan en el Cementerio de Oakland en Petersburg, Illinois.
Sobre la tumba se leen estos versos de su extenso poema Mañana es mi cumpleaños (To-morrow is my birthday, publicado en Toward the Gulf):

Buenos amigos, vamos por los campos...
Después de un corto paseo y con su venia,
creo que dormiré. No hay cosa más dulce,
ni destino más bendecido que dormir.
…
Soy un sueño salido de un sueño bendito.
Caminemos y oigamos el canto de la alondra.
 
 
EPITAFIO PARA ANNE RUTLEDGE.
(Prometida de Abraham Lincoln, fallecida trágicamente).

Brotan de mí, indigna y desconocida
las vibraciones de una música inmortal.
“Malicia contra nadie, caridad para todos”.
Brotan de mí el perdón de millones hacia millones,
y el rostro caritativo de una nación
resplandeciente de justicia y verdad.
Soy Ann Rutledge y duermo bajo estas hierbas,
la amada de Abraham Lincoln,
casada con él, no por la unión, sino por la separación.
Florece para siempre, oh República, desde el polvo de mi seno.


ROSCOE PURKAPILE

Ella me amó. ¡Oh, de qué manera me amó!
Nunca tuve oportunidad de eludirla
desde el día en que me vio por vez primera.
Pero luego, después de casados, pensé
que ella podría probar su mortalidad y liberarme,
o divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, ninguna renuncia.
Entonces me escapé y me fui un año de parranda.
Pero ella nunca se quejó. Dijo que todo estaría bien,
que yo regresaría. Y regresé.
Le dije que mientras paseaba en un bote,
había sido capturado cerca de la calle Van Buren
por piratas del Lago Michigan, y encadenado,
por lo cual no pude escribirle.
Ella lloró y me besó, y dijo que eso era cruel,
monstruoso, inhumano.
Entonces concluí que nuestro matrimonio
era un designio de la divina providencia
que solo podía ser disuelto por la muerte.
Y tuve razón.


SEREPTA MASON


La flor de mi vida podría haber florecido por todos lados

excepto por un viento amargo que marchitó mis pétalos

en el lado que ustedes en el pueblo podían ver.

Desde el polvo levanto una voz de protesta:
¡Mi lado floreciente no lo vieron jamás!
Ustedes, vivientes, ustedes son tontos de verdad
que no conocen los caminos del viento
y las fuerzas invisibles
que gobiernan los procesos de la vida.



TEODORO, EL POETA

(Para Theodore Herman Albert Dreiser, novelista y periodista estadounidense).

Cuando niño, Teodoro, te sentabas durante horas
en la ribera del turbio Spoon,
con los ojos clavados en la entrada de la madriguera del cangrejo
esperando que apareciera, arrastrándose,
primero sus antenas ondulantes, como pajas de heno,
luego su cuerpo grisáceo,
engalanado con el azabache de sus ojos.
Maravillado pensabas:
¿Qué sabe, qué desea, para qué vive?
Pensabas luego en hombres y mujeres
ocultos en las guaridas del destino de las grandes ciudades,
esperando que asomaran sus almas,
para ver
cómo viven, y para qué,
y por qué siguen arrastrándose con tanto afán
a lo largo del sendero arenoso donde escasea el agua
al final del verano.


CASSIUS HUEFFER

Grabaron en mi tumba estas palabras:
“Su vida fue apacible y los elementos se combinaron de tal modo
que la naturaleza podría levantarse y decirle al mundo:
Éste fue un hombre.”
Los que me conocieron sonríen
mientras leen esta retórica vacía.
Mi epitafio debió decir:
“La vida no fue amable con él
y los elementos se combinaron de tal modo
que casó una pelea con la vida
en la cual resultó muerto.”
¡Mientras viví no pude enfrentar las lenguas injuriosas,
y ahora que estoy muerto debo soportar un epitafio
grabado por un necio!


CITAS

- ¡Por fin! ¡Por fin América ha descubierto un poeta!
    (Ezra Pound).


- A esta generación le diría: Memoriza algún trozo de un verso de verdad o belleza.


- La lengua puede ser un miembro rebelde, pero el silencio envenena el alma.


* Con información de Edgar Lee Masters: A Biography. Herbert K. Russell. University of Illinois Press. Urbana and Chicago. 2001.

 

CAPÍTULO LXVI - EDWIN MARKHAM

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CAPÍTULO LXVI

EDWIN MARKHAM

 

Charles Edward Anson Markham, poeta, escritor y ensayista estadounidense.

Oregon City, 23-04-1852; Staten Island, New York, 07-03-1940.

Era el menor de diez hermanos y siendo un niño su familia se mudó a California donde asistió a escuelas rurales antes de encontrar trabajo en una granja.

En 1868 ingresó al California College, y tras graduarse cuatro años después, se convirtió en profesor en San Luis. Trabajó posteriormente en Santa Rosa y Coloma antes de ser nombrado director de una escuela en Hayward. Entre tanto, escribió poesía y sus poemas fueron publicados en Overland Monthly y Scribner’s Magazine.

Su vida personal estuvo marcada por relaciones conflictivas. Se casó en 1875 con Annie Margaret Cox Thole y se divorciaron en 1884. En 1887 se casó por segunda vez con Caroline Bailey, quien lo dejó después de que la madre de Markham se uniera a la familia.

En 1898, después de dos matrimonios fallidos, se casó con la poetisa y académica nacida en California, Anna Catherine Murphy. Fue una relación exitosa donde además ella se desempeñó hasta su muerte como editora y colaboradora de Jack y alentó su trabajo en The Man with the Hoe.  En 1899 tuvieron a Virgil, su único hijo.

En 1899, su más famoso poema, The Man with the Hoe, que ya se conocía un año antes por una lectura pública de poesía, apareció publicado en el San Francisco Examiner. A finales del mismo año vio la luz su primera colección de poemas, The Man and the Hoe and Other Poems.

Posteriormente se editaron nuevas colecciones, entre otras Lincoln and Other Poems, The Shoes of Hapiness and Other Poems, California the Wonderful, Gates of Paradise, Ballad of the Gallows Bird, Eighty Poems at Eighty y Collected Poems.

En prosa merecen mencionarse Children in Bondage y California the Wonderful.

En 1908 fue honrado con la elección al National Institute of Arts and Letters.

En su octogésimo cumpleaños, fue agasajado en el Carnegie Hall en un evento que incluyó al presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover.

En 1936 sufrió un derrame cerebral del cual nunca se recuperó por completo y murió cuatro años después en su casa de Staten Island.

Legó su biblioteca personal de quince mil volúmenes a la Biblioteca Horrmann de Wagner College, en Staten Island. ​

Sus cenizas reposan en el Cementerio Calvary de Los Ángeles.

En su tumba se lee:


Vivamos la poesía que cantamos.

 

EL HOMBRE DEL AZADÓN

(The man with a hoe. - Writen after seeing Jean-François Millet’s world famous painting L’homme a la houe). 

(Escrito después de observar la famosa pintura de Jean-François Millet).


  Doblegado por el peso de los siglos se inclina
  sobre su azadón y mira el suelo,
  el vacío de los siglos en su rostro
  y en su espalda la carga del mundo.
  ¿Quién lo hizo insensible al éxtasis y al desespero,
  sin aflicciones, sin ninguna esperanza,
  anonadado e impasible, como su hermano buey?
  ¿Quién ha desencajado esta macilenta mandíbula?
  ¿De quién la mano que inclinó esta frente?
  ¿De quién el soplo que apagó la chispa de su ingenio?

  ¿Es esta la Criatura que Dios hizo
  y a quien otorgó el dominio del mar y de la tierra
  para buscar el origen de los astros y el poder de los cielos,
  para acariciar el fuego de la Eternidad?
  ¿Es este el sueño que soñó quien dio forma a los soles
  y dibujó sus rutas desde la más insondable antigüedad?
  Desde los pasillos del infierno hasta su última caverna
  no hay figura más terrible que ésta -- --
  más elocuente para censurar la ciega avaricia del mundo -- --
  más llena de señales y presagios para el alma -- --
  más cargada de amenazas para el universo.

  ¡Qué abismos entre él y el serafín!
  Esclavo de la rutina del trabajo, ¿qué le dicen
  Platón y el vaivén de las Pléyades?
  ¿Qué las notas sublimes de las altas cimas de la música,
  la rendija del amanecer, el rubor de la rosa?
  A través de esta figura pavorosa miran los siglos doloridos;
  la tragedia del tiempo vive en esa penosa encorvadura;
  a través de esta figura la humanidad traicionada,
  expoliada, profanada y desheredada,
  protesta a gritos ante los Jueces del Mundo
  y su protesta tiene clamor de profecía.
  Oh amos, señores y gobernantes de todos los rincones,
  ¿es esta la obra que entregáis a Dios,
  este ser monstruoso, deformado y sin alma?
  ¿Cómo podréis enmendar esta figura,
  darle una chispa de inmortalidad,
  devolverle la luz y la mirada altiva,
  restaurarle la música y los sueños,
  reparar las inmemoriales infamias,
  las pérfidas ofensas, los incurables males?
  Oh amos, señores y gobernantes de todos los rincones,
  ¿qué pensará el Futuro de este Hombre?
  ¿Cómo responderá a su brutal pregunta en esa hora
  en que los huracanes de la rebelión sacudan la tierra?
  ¿Qué pasará con los reinos y los reyes -- --
  con aquellos que hicieron de él lo que es -- --
  cuando ese Terror mudo le reclame a Dios,
  después del silencio de los siglos?



  EPITAFIO
  Aquí duermen ahora las cenizas de Edwin Markham,
  pero mirad, él no está aquí, está muy lejos,
  en las grandes tareas de la vida bajo los cielos poderosos
  afanándose por llegar a alguna estrella melodiosa.
 


  UN EPITAFIO
  No pensemos que nuestros muertos idos
  se sienten atrapados y agobiados en estas tumbas de tierra;
  pensemos en la muerte como en otro nacimiento,
  como una nueva libertad para las alas extendidas,
  una nueva aventura que espera en el futuro;
  como un nuevo placer de más etéreo júbilo,
  como un nuevo mundo con amigos de más noble valía,
  donde todos puedan saborear un pan más inmortal.
 
 
  CITAS
 
  - Las opciones son las bisagras del destino.
 
  - Markham será recordado como el primer verdadero poeta del trabajo.
     (Leonard D. Abbott, biógrafo y político).

 

 

CAPÍTULO LXV - WALTER DE LA MARE

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 CAPÍTULO LXV
                                            WALTER DE LA MARE
 
Walter John (Jack) de la Mare, poeta, cuentista, ensayista, dramaturgo, crítico y novelista británico.
Charlton, Kent, 25-04-1873; Twickenham, Middlesex, 22-06-1956.
Fue educado en la Escuela del Coro de la Catedral de San Pablo, antes de ingresar a la Anglo-American (Standard) Oil Company en Londres, como empleado del departamento de estadística desde 1890 hasta 1908. A sus treinta y cinco años, una pensión concedida por el gobierno le permitió dedicarse a tiempo completo a la escritura.
Tenía veinte años cuando conoció a Constance Elfrida Ingpen en el grupo de teatro Esperanza en Wandsworth en 1893.
Ella se convirtió en su protagonista y estrella de sus producciones teatrales.
En mayo de 1894, ambos asumieron los papeles principales en una obra de teatro escrita por Jack y, aunque Elfrida era más de 10 años mayor que Jack, pronto se convirtieron en un buen “equipo”.
Se casaron en agosto de 1899 en la iglesia parroquial de Battersea y tuvieron cuatro hijos.
Los premios y honores que recibió durante su vida por sus cuentos, novelas, poesía y crítica, compilaciones y ediciones de antologías, incluyen: Polignac Prize de la Royal Society of Literature en 1911, por The Return; James Tait Black Memorial Prize for Fiction en 1922, por Memoirs of a Midget; Carnegie Medal de la Library Association en 1947, por Collected Stories for Children; Companion of Honour en 1948; Order of Merit en 1953; Foyle Poetry Prize en 1954; y unos cuantos grados honorarios de universidades como Cambridge, Oxford y St. Andrews, entre otras.
Su obra, extensa y versátil, consta de 27 libros de poesía, 21 libros de poemas y cuentos para niños, 5 novelas y 7 libros de relatos.
En 1947 se agruparon sus cuentos infantiles en Collected Stories for Children; en 1950 el profesor y crítico literario estadounidense Edward Wagenknecht editó los relatos en The Collected Tales of Walter De La Mare; y en 1969 sus poemas se recopilaron en The Complete Poems.
Por otra parte, el poeta Wystan Hugh Auden hizo una muy bien comentada antología en 1963, titulada A Choice of De La Mare’s Verse.
Walter De La Mare murió luego de una segunda trombosis coronaria y sus cenizas reposan en la Catedral de San Pablo en Londres.
Sobre su tumba hay una inscripción con la última estrofa de su poema Vain questioning:

Donde se abre la flor cuando sus pétalos se marchitan
donde duerme el eco de la música terrestre
donde lo transitorio vence a lo inmutable
allí esperan que tu espíritu duerma en paz.

Sus últimas palabras fueron para una de sus hijas, que le preguntó si quería frutos o flores: No, querida, demasiado tarde para frutos, demasiado temprano para flores.


OTOÑO - (Autumn)

Hay viento allí donde la rosa estaba;              
y lluvia allá donde la hierba estaba;     
y nubes como ovejas
flotan en las laderas
del cielo gris donde la alondra estaba.

No hay oro ya donde tu pelo estaba;  
y no hay calor donde tu mano estaba;
como un fantasma, nimio,
debajo del espino,
tu espectro está donde tu rostro estaba.

Viento infeliz donde tu voz estaba;     
llantos allí donde mi pecho estaba;
pero siempre conmigo,
hijo, siempre conmigo,
todo el silencio donde el sueño estaba.


UN EPITAFIO - (An Epitaph)

Descansa aquí una dama encantadora
de corazón risueño y paso alegre
hermosa ella entre las más hermosas
flores de las praderas del Oeste.

Pero se apaga y muere la belleza
y es, sin embargo, tan esquiva y breve.
¿Alguien se acordará cuando yo muera
que ella fue la más bella del Oeste?
 
 
LOS OYENTES - (The Listeners)

“¿Hay alguien ahí?”, dijo el Viajero,
golpeando la puerta iluminada por el claro de luna;
y su caballo, en medio del silencio, masticaba las hierbas
en el suelo del bosque tapizado de helechos;

un pájaro voló desde la torre,
sobre la cabeza del Viajero;
y él golpeó la puerta por segunda vez;
“¿Hay alguien ahí?”, dijo de nuevo.
Pero nadie salió al encuentro del Viajero;
Y entre los tenues rayos de la luna sobre la escalera tenebrosa
Y él sintió en su corazón la extrañeza,
Ni un leve movimiento hicieron los oyentes,
nadie desde el alféizar bordeado de hojas
se inclinó para mirar entre sus ojos grises,
mientras él esperaba inmóvil y perplejo.

Solo una corte de oyentes fantasmales
que entonces moraban en la casa solitaria
se quedó escuchando en la quietud del claro de luna
aquella voz del mundo de los hombres:
que desciende hasta el vestíbulo vacío,
oían con atención a través del aire agitado y estremecido
por la llamada del Viajero solitario.
la quietud como respuesta a su llamado,
mientras su caballo pacía en la oscuridad de la hierba,
bajo un cielo de hojas y estrellas;

y de pronto sacudió la puerta,
con más fuerza aún, y levantó la cabeza:
“Díganles que vine y nadie respondió,
que cumplí mi palabra”, dijo.
aunque cada palabra que decía
era un eco en las sombras de la casa en silencio,
de la voz del único hombre que quedaba despierto:

Entonces oyeron su pie sobre el estribo,
y el sonido metálico por la senda de piedra,
y cómo el silencio regresó quedamente,
cuando el ruido de los cascos se desvaneció.


UNA CITA

- Una vez que un hombre se aleja del rebaño, es más probable que en los matorrales se encuentre con lobos que con ángeles.