UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XXIV - PAULO LEMINSKI

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CAPÍTULO XXIV

PAULO LEMINSKI

 

Paulo Filho Leminski, poeta, escritor, compositor, novelista, biógrafo, músico, profesor, crítico literario y traductor brasileño.

Curitiba, Paraná, 24-08-1944; id., 07-06-1989.

      Era hijo del soldado polaco Paulo Leminski y de Áurea Pereira Mendes, de origen africano.  A los 12 años ingresó en el Monasterio de São Bento, en São Paulo, donde adquirió conocimientos de latín, teología, filosofía y literatura clásica, pero abandonó el monasterio dos años después.

      A los 18 años viajó a Belo Horizonte para asistir a la Semana Nacional de Poesía de Vanguardia. Allí conoció a los integrantes del grupo Noigandres, fundadores del movimiento Poesía Concreta. En adelante se le conoció como el “Rimbaud curitibano”.

      Colaboró en varias publicaciones brasileñas de renombre, como Invençao, donde publicó sus primeros poemas, y Correio de Paraná. Fue profesor de Historia y Escritura en cursos preuniversitarios.

      En 1975 publicó Catatau, su primera novela, convertida en un clásico de la literatura brasileña reciente. Es un texto experimental que se suma a la tradición de las grandes novelas satíricas y filosóficas, como Gargantúa de François Rabelais y Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift. El argumento gira alrededor de una insólita visita del filósofo René Descartes a Recife, en la época del Brasil holandés.

      Compuso letras de numerosas canciones, grabadas entre otros por Caetano Veloso. Tradujo obras de Becket, John Lennon, Alfred Jarry y James Joyce.

      Apasionado de la lengua y la cultura japonesas, publicó en 1983 una biografía del celebrado poeta japonés de haiku, Matsuo Bashô.

También tradujo Tayô to Têtsu (Sol e Aço) (El sol y el acero), una especie de testamento del novelista y dramaturgo japonés Yukio Mishima.

Algunos de sus libros de poesía son: Caprichos e relaxos, Um milhão de coisas, Distraídos venceremos, La vie en close y Winterverno.

      De su obra en prosa, además de Catatau, cabe mencionar la novela Agora é que são elas, el ensayo en prosa poética Metaformose, uma viagem pelo imaginário grego, y el cuento Descartes com lentes.

      Su vida sentimental tuvo dos etapas: En 1961, con tan solo diecisiete años se casó con la artista plástica Neiva Maria de Sousa. Se divorciaron siete años después.

      En 1968 se casó con la poetisa Alice Ruiz, tuvieron tres hijos y se divorciaron en 1988.

      Una cirrosis hepática derivada del abuso del alcohol provocó su muerte dos meses antes de cumplir 45 años. Su viuda Alice organizó y difundió su obra.

      Sus restos reposan en el Cementerio Municipal de Agua Verde, uno de los barrios de Curitiba donde vivió. Para evitar profanaciones y actos vandálicos, la administración del cementerio ha decidido no suministrar información sobre la ubicación exacta de la tumba.


EPITAFIO PARA EL CUERPO - (Epitafio para o corpo)

Aquí yace un gran poeta.

Nada dejó escrito.

Este silencio,

acredito,

son sus obras completas.


EPITAFIO PARA EL ALMA - (Epitáfio para a alma)

Aquí yace un artista

maestro en desastres

vivir

con la intensidad del arte

lo llevó al infarto

dios tenga piedad

de sus disfraces.


APAGARME - (Apagar-me)

Apagarme

diluirme

deshacerme

hasta que después

de mí

de nosotros

de todo

no quede más

que el encanto.


SUERTE EN EL JUEGO - (Sorte no jogo)

Suerte en el juego

infortunio en el amor

¿de qué me sirve

la suerte en el amor

si el amor es un juego

y el juego no es mi fuerte,

mi amor?


AMOR - (Amor)

¿El amor, entonces,

también, ¿se acaba?

No, que yo sepa.

Lo que yo sé

es que se transforma

en una materia prima

que la vida se encarga

de convertir en furia.

O en rima.


MARGINAL - (Marginal)

Marginal es el que escribe al margen,

dejando la página en blanco

para que pase el paisaje

y deje todo claro a su paso.


Marginal, es el que escribe entre líneas,

sin saber nunca bien

quién vino primero,

el huevo o la gallina.


CITAS

- Por cada animal de siete cabezas, hay siete que no tienen ninguna.

- Vivir es muy difícil, lo más profundo está siempre en la superficie.

- En un lugar donde todos tienen razón, es mejor no tener ninguna.


 

UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XXIII - LOUISE LABÉ

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 CAPÍTULO XXIII

LOUISE LABÉ

 

Louise (Charly) Labé, poetisa francesa del renacimiento.

Lyon, 1515-1524; Parcieux-en-Dombes, 25-04-1566.

      Es muy poco lo que se sabe sobre sus orígenes y sus primeros años, pero incluso sobre su existencia misma. Recientemente, la famosa colección de clásicos La Pléiade aventuró la tesis de que Louise Labé era en realidad el seudónimo de un grupo de hombres.

      Se le conoció como La Bella Amazona, La Safo de Lyon, La Ninfa del Ródano y La Bella Cordelera, éste último por su origen como hija de Pierre Charly, un próspero cordelero y por su matrimonio con el fabricante de ropa Ennemond Perrin, otro miembro del gremio. Su madre era Etiennette Roybet, segunda esposa de Pierre.

      Gracias a la boyante economía familiar, Louise recibió una esmerada educación privada que incluyó latín, italiano y música. Refinada, culta, amante de las artes y precursora del feminismo, disponía de una valiosa biblioteca en varios idiomas y en su casa se reunía lo más selecto de la sociedad, las artes y las ciencias de su tiempo.

      No escribió mucho, que se sepa, pero la calidad de lo que se le atribuye le ha valido el reconocimiento universal: Debat de Folie et d’Amour, exitosa alegoría dramática inspirada en Erasmo y traducida al inglés por Robert Greene; tres elegías que recuerdan las Heroides de Ovidio, y veinticuatro conocidos y celebrados sonetos claramente eróticos y de elevado lirismo, traducidos al alemán por Rainer Maria Rilke, y al holandés por Pieter Cornelis Boutens.

      En 1564, la peste estalló en Lyon. Al año siguiente, con mala salud, Louise se retiró a la casa de su compañero Thomas Fortin, un banquero de Florencia, quien fue testigo de su testamento y a quien legó buena parte de sus bienes. Murió allí en 1566 y fue enterrada en su propiedad campestre cerca de Parcieux-en-Dombes, en las afueras de Lyon.


SONETO II – (Oeuvres, sonnet II)

Oh bellos ojos brunos, oh miradas furtivas,

oh llantos derramados, oh cálidos suspiros,

oh tenebrosas noches vanamente esperadas,

oh días luminosos que en vano han regresado, 


oh anhelos obstinados, oh tristes apogeos,

oh penas infligidas, oh tiempos disolutos,

oh millares de muertes en mil redes tendidas,

oh perversas miserias contra mí destinadas,


oh brazos, manos, dedos, cabellos, frente, risas,

oh laúd quejumbroso, oh viola y arco y voz:

¡Tal cantidad de antorchas quemando a una mujer!


A ti elevo mi queja, que tanto fuego llevas,

y de tantas maneras mi corazón inflamas,

sin que haya una centella que te alcance también.


SONNET III - (Oeuvres)

Grandes deseos, esperanzas vanas,

tristes suspiros, lágrimas y abrojos,

fuente de ríos donde son mis ojos

nítidos manantiales y fontanas.


Oh crueldad, oh durezas inhumanas,

celeste luz de rayo lastimero,

del viejo corazón amor primero,

¿seguirán mis tristezas tan cercanas?


Deja que Amor ensaye en mí su flecha,

que nuevo fuego y nuevos dardos lance,

que intente lo peor para dañarme.


Tan lastimada estoy y tan maltrecha,

que no habrá nueva herida que me alcance

ni encontrará lugar para agravarme.


SONETO IV - (Oeuvres)

Después que el cruel Amor envenenó

por vez primera con su ardor mi pecho,

ardí por siempre en su furor divino,

que nunca abandonó mi corazón.


Ni la fatiga del trabajo duro,

ni la amenaza de inminente ruina,

ni la muerte que todo se lo lleva,

¡nada asustó a mi corazón ardiente!


Cuanto más el Amor viene a asediarnos,

más nos obliga a conservar las fuerzas,

y a mantener la calma en sus batallas;


y aquel que al parecer nos favorece,

y a Dioses y hombres menosprecia, sólo

busca ser el más fuerte entre los fuertes.


SONETO XVIII - (Oeuvres)

Bésame más y vuélveme a besar:

Dame uno de tus besos más sabrosos,

dame uno de tus besos más ardientes,

que yo te daré cuatro como brasas.


Y si este dulce mal te quema tanto

otros diez más ardientes te daré.

Juntemos estos besos tan felices

y disfrutemos juntos nuestro gozo.


Viviremos así una doble vida.

Cada uno en el otro vivirá.

Déjame, Amor, pensar una demencia:


Si me hace mal vivir discretamente,

y no puedo tener contentamiento,

me lanzaré a buscar una aventura.


SONETO XXIV - (Oeuvres)

No me juzguéis, Señoras, si yo amé,

si sentí mil antorchas encendidas,

mil dolores acerbos, mil torturas,

si he perdido mi tiempo en vanos llantos.


¡Pobre de mí! No mancilléis mi honor.

Si cometí un error, está el castigo,

mas no afiléis sus ya filosas puntas:

Pensad, más bien, que Amor en su momento,


aunque seáis esposas de un Vulcano,

sin tener la belleza de un Adonis,

enamoraros más, podrá, si quiere,


y más que a mí, con menos ocasiones,

y con pasión más fuerte y más extraña.

Cuidáos de no ser más desdichadas.


UNIVERSOS - VOLUMEN II. CAPÍTULO XXII - JEAN DE LA FONTAINE

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 CAPÍTULO XXII

JEAN DE LA FONTAINE*

 

Fabulista, poeta, cuentista y novelista francés.

Chateau-Thierry, 08-07-1621; París, 13-04-1695.

      Era hijo de Françoise Pidoux y de Charles de La Fontaine, uno de los consejeros del rey, inspector forestal y capitán de las cacerías del Ducado de Château-Thierry.

      A pesar de que algunos de sus contemporáneos lo tildaban de insípido, perezoso y sin muchas aspiraciones, Racine y Boileau lo consideraron un bon homme, atributo aceptado poco a poco por su público y más tarde por sus biógrafos y la posteridad.

      Su carácter apacible le permitió vivir al margen de las rencillas literarias de su tiempo.

      Estudió en la Universidad de su ciudad natal. Sus padres querían que asistiera al seminario y en 1641 lo inscribieron en el Oratorio de San Felipe Neri, pero un año y medio después se aburrió de leer a San Agustín, renunció al estado clerical y reanudó sus estudios de derecho en París. En 1649, obtuvo un diploma de abogado en el Parlamento de París.

Contra todos los pronósticos, y cuando sólo su padre tenía la esperanza de que Jean se convirtiera en poeta, la musa le llegó de la mano de Pierre Pintrel, oficial de la guarnición local y amigo del vecindario, conocido recitador de versos y traductor de las cartas de Séneca, que en una de sus visitas llegó con un libro de poemas de Malherbe y le leyó la oda sobre el asesinato de Enrique IV.

      Fue como una aparición. La Fontaine tenía veintidós años y el descubrimiento de Malherbe lo llevó a ensayar sus primeras odas.

Poco después, Pintrel le recomendó abandonar a Malherbe y cambiar sus lecturas por las obras de Virgilio, Horacio, Terencio, Tito Livio y Quintiliano, lo cual mejoró notablemente sus conocimientos de la lengua latina.

Más tarde lo deslumbraron las lecturas de Plutarco, Platón, Rabelais, Marot, Ariosto, Boccaccio y Maquiavelo, muchas de ellas recomendadas por el poeta y traductor François de Maucroix, otro de sus grandes amigos que, entre sus muestras de amistad, tradujo obras del griego para él.

      Su estrella literaria comenzó con la adaptación de la comedia l’Eunuque de Terencio que, entre otros logros, le ganó la admiración y el mecenazgo del Ministro de Finanzas Nicolás Fouquet.

      En 1661, mientras La Fontaine escribía Le Songe de Vaux, Fouquet cayó en desgracia y fue arrestado por orden del rey, con lo cual el poeta perdió la protección y fue perseguido por su lealtad a Fouquet, para quien había escrito entre otras obras la Élégie aux nymphes de Vaux. Tuvo que abandonar París.

      A su regreso, su carrera se reinició con la publicación de los cinco libros de sus Contes, luego vendrían sus Fables y su novela Les amours de Psyché et Cupidon. Para ello contó con la protección de la Duquesa de Bouillon Marie-Anne Mancini, sobrina del cardenal Mazarino, una mujer de mundo que amaba la poesía. Ella y su hermana, la bella, inteligente y celebrada duquesa de Mazarin fueron amigas del poeta durante toda su vida, le dieron valiosos consejos literarios y tuvieron gran influencia en sus escritos.

      Luego disfrutó del mecenazgo de la Duquesa de Orleans Marguerite de Lorraine, y de la salonniere Madame de La Sablière -en cuya casa vivió los veinte años más felices de su vida y a quien le dedicó Joconde, el más popular de sus cuentos-. Finalmente, tras la muerte de Madame de La Sablière, Madame Anne d’Hervart y su esposo lo alojaron en su casa, donde tuvo una vejez digna y una muerte tranquila.

      Por esa época, junto a Moliere, Racine y Boileau, amistades que se mantuvieron hasta la muerte, La Fontaine se incorporó al círculo de protegidos de la amante del rey, Madame de Montespan.

      Su fama se debe principalmente a sus Fables, publicadas en doce libros que agrupan 240 narraciones en verso, en las cuales los animales toman el papel de seres racionales con un fino sentido del humor y dejan siempre un aprendizaje y una lección moral.

      Sus cuentos y novelas están inspirados principalmente por Giovanni Boccaccio, Ludovico Ariosto y François Rabelais. En 1683 fue llevado a la Academia Francesa, pese a la oposición de Luis XIV.

      En 1647, con veintiséis años, aceptó con impensada facilidad un matrimonio de conveniencia arreglado por su padre, con Marie d’Héricart, de 14 años, hija de un amigo de la familia, y con una dote de veinte mil libras. Charles, su único hijo, nacido en 1653, fue criado por su madre. Se separaron en 1658.

Pocos hombres ilustres han recibido opiniones tan dispares de sus contemporáneos como Jean de La Fontaine, pero actualmente estamos de acuerdo en que las críticas negativas de su época se debieron fundamentalmente a su bonhomía, a su indolencia manifiesta y a la ignorancia de muchos de sus interlocutores, que lo percibían como un hombre torpe y aburrido.

      La hija de Racine, por ejemplo, que lo vio muchas veces en la casa de su padre, lo describió como “un hombre desaliñado y estúpido que sólo hablaba de Platón”.

      El escritor y filósofo Jean de La Bruyère, escribe: “Parece un hombre, torpe, pesado, estúpido. No puede hablar, ni siquiera decir lo que acaba de ver. Pero si se sienta a escribir, produce el modelo de los cuentos. Dota de lenguaje a las bestias, a los árboles, a las piedras, a cuanto la naturaleza le ha negado el habla, y entonces todo en sus obras es ligereza, elegancia, belleza, naturaleza”.


      Sobre su tumba en el Cementerio Père Lachaise de París, se lee:

Aquí yace John de La Fontaine

admirador de las fábulas de Esopo

y de los más recientes y únicos Babrio y Fedro.

Más que émulo, vencedor.


      En su honor hay un cenotafio en la Academia Francesa:

Discípulo ingenioso del sabio frigio,

La Fontaine se vistió con el velo de la fábula

para poner a raya al vicio odioso

y hacer más amable la verdad

      La Fontaine, en alguno de sus muchos momentos de buen humor escribió su epitafio que, sin embargo, no figura en su tumba:


EPITAFIO DE UN PEREZOSO - (Épitaphe d'un paresseux)

Jean se fue tal como había venido,

gastó su capital después de los intereses,

creyó que el bien era poco necesario.

En cuanto a su tiempo, lo empleó bien

y lo solía dividir en dos partes,

una para dormir y otra para no hacer nada.


 

* Con información de Lives of the most Eminent Literary and Scientific Men of France. Vol I. Mary Wollstonecraft. LONGMAN, ORME, BROWN, GREEN, & LONGMANS, PATERNOSTER-ROW; AND JOHN TAYLOR, UPPER GOWER STREET. 1838.