CAPÍTULO III - MATTHEW ARNOLD

Category:

 

CAPÍTULO III


MATTHEW ARNOLD


 

Poeta victoriano, crítico social y literario, y teólogo británico, cuya obra es considerada un enlace entre el romanticismo y el modernismo.

Laleham, Middlesex, 24-12-1822; Liverpool, 15-04-1888.

 

Empezó sus estudios en Rugby (1837) y luego en el Balliol College de Oxford; se graduó con honores de segunda clase en 1844 y se hizo fellow del Oriel College al año siguiente.

 

En 1851 contrajo matrimonio con Frances Lucy Wightman, hija de Sir William Wightman, juez del Banco de la Reina. Tuvieron seis hijos: Thomas, Trevenen William, Richard Penrose, Lucy Charlotte, Eleanore Mary Caroline y Basil Francis. Fue un matrimonio feliz, y algunos de los más bellos poemas de Arnold están dedicados a sus hijos.

 

Escribió casi toda su obra poética antes de los cuarenta años y luego se dedicó a la crítica literaria. En 1843 ganó en Oxford el Premio Newdigate con su poema Cromwell. Al aceptar el galardón, se dio cuenta de su potencial, decidió que quería ser poeta y empezó a dedicarse con mayor entusiasmo a escribir poemas.

Y su poesía es de tan alto vuelo que es considerado el tercer gran poeta victoriano después de Alfred Tennyson y Robert Browning.

Se perciben en ella notas tristes y tonos elegíacos inspirados en motivos clásicos cuyos temas rondan la alienación y el vacío espiritual: Empedocles on Etna and other poems (1852), The Scholar Gipsy (1853), Sohrab and Rustum (1853), Thyrsis (1866), Rugby Chapel (1867), Dover Beach (1867), y Westminster Abbey (1882).

 

Arnold era un hombre de mente ingeniosa, agudo espíritu crítico y apasionado amor por la verdad, que le permitían encontrar fisuras en los temas religiosos de la teología de su tiempo, especialmente cuando se fundaban en conjeturas improbables o ignoraban las evidencias de la razón.

 

Sus principales obras sobre cuestiones religiosas son Culture and Anarchy (1869); St. Paul and Protestantism, con una introducción sobre Puritanismo y la Iglesia de Inglaterra (1870); Literature and Dogma, un ensayo encaminado a una mejor apreciación de la Biblia (1873); y Last Essays on Church and Religion (1877).

 

En su colección de ensayos Culture and Anarchy, donde ataca el materialismo científico y defiende la cultura, sostiene que no se debe confundir “literature” con “belles lettres” y que literatura eran también los Elements de Euclides, los Principia de Newton, los escritos de Copérnico, de Galileo y de Charles Darwin. Tampoco se debía permitir que los científicos se reservaran el concepto de ciencia, puesto que también la crítica literaria y el estudio de las lenguas antiguas eran, según Arnold, ciencias.

 

Como crítico literario no tuvo rival en su generación. Se dice que cuando en Arnold murió el poeta, nació el crítico.


Essays and Criticism y la mencionada Culture and Anarchy contienen sus primeros dardos sobre las angustias de sus contemporáneos.

En este esfuerzo crítico, pensaba Arnold, Inglaterra iba a la zaga de Francia y Alemania, y los ingleses, en consecuencia, permanecieron en un remanso de provincianismo y complacencia. Incluso los grandes poetas románticos, con toda su energía creativa, sufrieron por la falta de crítica. Aseguraba que el crítico literario inglés debía conocer otras literaturas además de la suya y estar en contacto con los estándares europeos. Arnold desarrolla esta última línea de pensamiento en el segundo ensayo, The Literary Influence of Academies, en el que se detiene en “la nota de provincianismo” en la literatura inglesa, causada por la lejanía de un “centro” de conocimiento correcto y gusto correcto.

 

Para darse cuenta de cuánto amplió Arnold los horizontes de la crítica, basta con echar un vistazo a los títulos de algunos de los otros ensayos de Essays in Criticism (1865): Maurice de Guérin, Eugénie de Guérin, Heinrich Heine, Joubert, Spinoza, Marco Aurelio; en todos, como cada vez más en sus últimos libros, está “aplicando ideas modernas a la vida”, así como a las letras y “poniendo todas las cosas bajo el punto de vista del siglo XIX”.

 

Su primer ensayo, The Study of Poetry, contiene muchas de las ideas por las que Arnold es mejor recordado. En una era de credos que se derrumban, la poesía tendrá que reemplazar a la religión. Cada vez más, “recurriremos a la poesía para interpretarnos la vida, para consolarnos, para sostenernos”.

 

Su conocida clasificación de la sociedad inglesa en bárbaros (con su espíritu elevado, serenidad y modales distinguidos y su inaccesibilidad a las ideas), filisteos (el bastión del inconformismo religioso, la clase media comercial, materialista, descreída, con mucha energía y moralidad, pero insuficiente “dulzura y luz”), y populacho (todavía crudo y ciego), que concluye con la urgencia de educar y humanizar a los filisteos, resume de manera brillante lo que era la sociedad victoriana.

 

Convencido de que gran parte de la religión popular estaba “tocada con el dedo de la muerte” y no menos convencido de la desesperanza del hombre sin religión, trató de encontrar para esta una base de “hecho científico” que incluso el espíritu moderno positivo debe aceptar.

 

Una lectura de los cuadernos de notas de Arnold convencerá a cualquier lector de la profundidad de la espiritualidad de Arnold y del grado en el que, en su “vida enterrada”, se autodisciplinaba en constante devoción y olvido de sí mismo.

 

Arnold murió repentinamente de insuficiencia cardíaca, en la primavera de 1888, cuando se disponía a recibir a su hija Lucy Charlotte y su nueva nieta en el puerto de Liverpool.

 

Sus restos reposan en la Iglesia de todos los Santos en Laleham, junto a los de su esposa y los tres hijos cuya temprana pérdida había ensombrecido su vida. Sobre la tumba se leen dos epitafios:

 

- Amaneció la luz para el justo y la alegría para los de corazón recto.

 

- Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen, que me lleven a tu santo monte, y a tus moradas.

 

En el Rincón de los Poetas de la Abadía de Westminster, hay una placa que honra su memoria, con versos de su poema Westminster Abbey, escrito para el funeral del Deán de la misma, Arthur Penrhyn Stanley:

 

Que aparezca la luz y tus paredes transfiguradas sean tocadas por la llama.

 

 

DESCANSO - (Requiescat)

 

¡Regad sobre su cuerpo un mar de rosas

y no ramos de tejo!

¡Anhelo la quietud en que reposan

tan plácidos sus sueños!

 

Sediento el mundo de su plena gracia

se llenó de su risa;

hoy su cansado corazón naufraga

para ser ella misma.

 

Fue su vida en confusos laberintos

un continuo girar

y su alma que paz había pedido

por doquier halla paz.

 

Su libertario espíritu encerrado

voló calladamente

y esta noche lo hereda el vasto espacio

del reino de la muerte.

 

 

ENVEJECER - (Growing Old)

 

¿Qué es envejecer?

¿Es perder la gloria del aspecto,

el brillo del ojo?

¿Es por belleza renunciar a la corona?

--Sí, pero no sólo esto.

 

Es sentir nuestra fuerza--,

¿pero no nuestro encanto, sino el deterioro de nuestra fuerza?

¿Es sentir cada extremidad

más rígida, cada función menos exacta,

cada nervio más débil?

 

Sí, esto, y más; pero no,

ah, ¡no es lo que en la juventud soñamos que sería!

No es tener nuestra vida

sosegada y suavizada con el resplandor del ocaso,

un dorado declive del día.

 

No es ver el mundo

desde una montaña, con ojos proféticos absortos,

y el corazón profundamente conmovido;

y llorar y sentir la plenitud del pasado,

los años que no existen.

 

Es pasar largas jornadas

y no sentir ni una vez que fuimos jóvenes.

Es sumar, encerrados

en la cálida prisión del presente, mes

a mes con el dolor del cansancio.

 

Es sufrir esto,

y sentir solo la mitad, y débilmente, de lo que sentimos:

En lo profundo de nuestro insondable corazón

madura el pálido recuerdo de un cambio,

pero sin emoción alguna.

 

Es -la última etapa de todo-

cuando congelamos por dentro, y completamente

el fantasma de nosotros mismos,

para escuchar al mundo aplaudir al fantasma hueco

que culpó al hombre vivo.

 

 

DEMASIADO TARDE - (Too late)

 

Vivimos, cada uno dentro de nuestros límites,

y unos hallan la muerte sin hallar el amor.

Sus vidas son lanzadas a lugares lejanos

desde un alma gemela que las dividió en dos.

 

Y a veces, por capricho de un destino más duro,

los amantes se encuentran, pero se encuentran tarde.

--¡Tu corazón es mío!  --¡Cierto, cierto! ¡Ah, cierto!

--¡Dame entonces tu mano, amor!  --¡Ah, no! Adiós.

 

 

CITAS

 

- Matthew Arnold era buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar.

(Oscar Wilde).

 

- La poesía es en el fondo una crítica a la vida.

 

- El periodismo es literatura apresurada.

CAPÍTULO II - WILLIAM ALLINGHAM

Category:


CAPÍTULO II


WILLIAM ALLINGHAM

    

 

William Allingham, poeta, diarista y editor irlandés.

Ballyshannon, Donegal, Irlanda, 19-03-1824; Hampstead, Inglaterra, 18-11-1889.

 

William Allingham era un niño con muy buen oído para la música y aprendía con facilidad las melodías de sus enfermeras y vecinos. Su interés por la literatura lo adquirió de su tía Maryanne, su padre y sus parientes. Antes de ir al internado en Killeshandra, el joven William asistió a la escuela Wray en Church Lane, adyacente a la iglesia de Santa Ana, donde la única asignatura del plan de estudios era el latín.

 

Tenía 14 años cuando su padre lo retiró de la escuela para trabajar en un banco, pero ya era un lector voraz y continuó su educación de manera informal, al punto que logró aprender por sí mismo latín, griego, francés y alemán.

 

En 1846, el poeta obtuvo un puesto en la Aduana y se convirtió en Oficial Costero Principal en su área de origen, donde sus deberes incluían visitar restos de naufragios y verificar los barcos que entraban y salían. En 1850 se publicó su primer libro de poesías titulado Poems, que incluía The Fairies y The Goblin Child of Ballyshannon y estaba dedicado a su amiga literaria Leigh Hunt. Cuatro años más tarde publicó un segundo libro, Day and Night Songs, seguido en 1855 por The Music Master.`


Se trasladó a Londres, donde su poema más importante de casi 5.000 versos, Laurence Bloomfield in Ireland, fue publicado en 1863. En 1870 William finalmente tomó la decisión de dejar la Aduana para convertirse en subeditor del londinense Fraser's Magazine.

 

El año 1874 fue un año importante para Allingham, ya que se le ofreció la dirección editorial del Fraser's Magazine, cargo que ejerció por nueve años. Además, se casó con Helen Patterson en la Capilla de Little Portland Place, el 22 de agosto. Ese mismo año, la carrera de Helen como artista floreció cuando dos de sus pinturas, The Milkmaid y Wait for me, fueron aceptadas para la Exposición de verano de la Royal Academy. Ella logró el raro honor para una mujer de convertirse en Asociada de la Royal Watercolour Society. Tuvieron tres hijos: Gerard, Eva y Henry.

 

Más tarde, la familia se mudó a Surrey, donde Helen pintó sus muy populares Surrey Cottages, que aún hoy llaman la atención. Helen y William Allingham tenían una relación de gran apoyo y compartían un amplio círculo de amigos literarios y artísticos.


A Diary, una de sus obras más conocidas, publicada póstumamente, registra sus animados encuentros con amigos como Alfred Tennyson, Thomas Carlyle y Dante Gabriel Rossetti, entre otros escritores y artistas.

Además de las ya citadas, otras obras del poeta merecen mencionarse:

Fifty Modern Poems; Songs, Poems, and Ballads; Evil May Day; Irish Songs and Poems y Varieties in Prose.

 

En 1888 la familia se trasladó a Hampstead, donde la salud de William se deterioró.

Murió en paz alrededor de las 2 de la tarde del lunes 18 de noviembre de 1889. A petición suya, fue incinerado en Woking. Estuvieron presentes algunos amigos y parientes. No hubo servicio fúnebre. Su amigo más antiguo entre los presentes, el crítico de arte londinense Sir Frederic George Stephens, leyó en voz alta una oración fúnebre como homenaje al poeta.

Sus restos reposan en la Iglesia de Santa Ana, en su natal Ballyshannon, Irlanda.

Sobre su tumba, además de su nombre y fechas, una sola palabra:

 

Poeta.

 


UNA LÁPIDA  - (A gravestone).

 

Cava su tumba lejos de la iglesia,

en un montículo verde cerca de la ola.

Hacia el oeste, sólo el mar, el cielo y el atardecer.

Pone una piedra cubierta de musgo,

con un nombre y una fecha mortal,

un arpa y un manojo de flores silvestres, finamente grabados;

luego la deja a merced de los vientos que soplan

y los musgos que avanzan sigilosos, lentos,

y las alas errantes, y los raros pasos de algún caminante.



UN RECUERDO - (A Memory)

 

Cuatro patos en un lago,

más allá un banco de hierba,

un cielo azul de primavera,

nubes blancas a lo lejos;

¡qué ternura

para recordar por años-

para recordar con lágrimas!

 

 

DÉJAME CANTAR LO QUE SÉ - (Let me sing of what I know)

 

Una Costa oeste salvaje, una pequeña Ciudad

donde las Gentes van y vienen,

las mareas fluyen y los vientos soplan:

La Noche, la Tempestad y el Mar,

la Voluntad Humana y el Destino Humano:

¿Qué es pequeño, qué es grande?

Sin embargo, la respuesta es,

déjame cantar lo que sé.

 


LA CAPILLA EN RUINAS - (The Ruined Chapel)

 

Por la costa, una parcela de tierra

circunda una capilla en ruinas,

custodiada por un montículo de hierbas,

donde pasan los días y las noches y los días,

sin que se escuche ningún sonido humano.

 

Bañada por mares solitarios

sacudida por árboles guardianes,

arrullada por la brisa salada;

pasa los días y las noches y los días

oyendo su melodía interminable.

 

Y cuando los vientos y las aguas esconden

un silencio más muerto que cualquier sueño,

las mañanas se deslizan hasta el más sereno ocaso

y pasan los días y las noches y los días

aquí donde el silencio es más profundo.

 

Las ruinas vacías, han vuelto a morir

en el dominio absoluto de la naturaleza,

autogerminadas con semillas y granos

pasan los días y las noches y los días,

y almacenan el sol de junio y la lluvia de abril.

 

Aquí han caído lágrimas fúnebres recientes,

ahora también las tumbas están muertas

y los retoños del fresno se esparcen

mientras pasan los días y las noches y los días

bajo el lento vagar de las estrellas.

 

 

CITAS

 

- Escribir es aprender a no decir nada, más ingeniosamente cada día.

 

- Los vientos y las aguas mantienen un silencio más muerto que el sueño.

CAPÍTULO I - CONRAD AIKEN

Category:

CAPÍTULO  I

CONRAD AIKEN


Conrad Potter Aiken, poeta, novelista, editor y crítico estadounidense.

Savannah, Georgia, 05-08-1889; id., 17-08-1973.

 

Era el hijo mayor de William Ford y Ana Potter Aiken. El padre era un respetado cirujano, y la madre era hija de un prominente Ministro de la Iglesia Unitaria de Massachusetts.


El 27 de febrero de 1901, el Dr. Aiken asesinó a su esposa y luego se suicidó. En su autobiografía Ushant publicada en 1952, Aiken menciona que a sus once años tuvo que enfrentar el trauma de encontrar los cadáveres de sus padres inmediatamente después de escuchar los disparos.


Tras la muerte de sus padres, Aiken fue educado por su tía abuela y su tío en la Middlesex School de Cambridge y luego en la Universidad de Harvard. Allí, el poeta editó Advocate con T. S. Elliot, quien se convirtió en su colega y amigo de toda la vida. También tuvo una cercana amistad con Ezra Pound y Amy Lowell.


Su obra tuvo la influencia de la filosofía y la temprana teoría del psicoanálisis, y en gran parte se ocupa de la necesidad humana de la auto-conciencia y de un sentido de la identidad.


Aiken dividió su vida entre Inglaterra y Estados Unidos hasta 1947, cuando se estableció definitivamente en Massachusetts. Esta alternancia le permitió difundir la obra de poetas estadounidenses entre el público británico.


En 1912 contrajo matrimonio con la canadiense Jessie McDonald, y se mudaron a Inglaterra en 1921 con sus dos hijos mayores, John (1913) y Jane (1917). Se establecieron en Rye, East Sussex. Joan, la hija menor nació en Rye en 1924. Los tres hijos se convirtieron posteriormente en escritores.

En 1930 se casó por segunda vez, con Clarissa Lorenz. En 1983 la University of Georgia Press publicó su biografía Lorelei Two: My Life with Conrad Aiken.

Conrad se divorció de Clarissa y se casó por tercera vez en 1937 con Mary Augusta Hoover, una exitosa pintora con varios años de formación al lado de artistas de renombre. Exponía regularmente en la Royal Academy de Londres, en Boston y en New York, donde el Museo Metropolitano adquirió varias de sus obras.


Después de tres tempranas colecciones de versos, Aiken escribió entre 1915 y 1920 las llamadas cinco “sinfonías”, también conocidas como “sinfonías poéticas”, en un esfuerzo por crear poesía que se asemejara a la música en su habilidad para expresar simultáneamente diferentes niveles de significado. De esa época son: Earth Triumphant (1914), The Jig of Forslin: A Symphony (1916), Senlin: A Biography, and Other Poems (1918), y The House of Dust: A Symphony (1920).


Luego vino el período de los poemas narrativos, algunos volúmenes de poesía lírica y meditativa como John Deth (1930), Preludes for Memnon (1931), Landscape West of Eden (1934) y Time in the Rock (1936). Después de la Segunda Guerra Mundial, regresó a la poesía musical, pero con más profundas insinuaciones psicológicas y filosóficas, como Skylight One (1949), A Letter from Li Po (1955), Sheepfold Hill (1958) y The Morning Song of Lord Zero (1963).


Lo mejor de su poesía está contenido en Selected Poems (1929), que le valió el Premio Pulitzer de poesía en 1930, y en Collected Poems (1953) que incluye Preludes to Definition, considerada por los críticos como su obra maestra, con la cual obtuvo el Premio Nacional del Libro en 1954. Debemos incluir, además, la muy mencionada Morning Song of Senlin, de Senlin, A Biography.

 

La mayoría de sus obras de ficción fueron escritas en los años 20 y 30. Se considera que, más exitosas que sus novelas de esta época, son sus historias cortas como Strange Moonlight de Bring! Bring! (1925) y Silent Snow, Secret Snow y Mr. Arcularis de Among the Lost People (1934). Sus Cuentos fueron publicados en 1950, seguidos de A Reviewer’s ABC: Collected Criticism from 1916 to the Present (1958) y The Collected Novels (1964).


A pesar de los galardones obtenidos, los críticos concuerdan en que Aiken nunca recibió un reconocimiento apropiado por su obra, debido a su distanciamiento de las corrientes literarias estadounidenses de la época.

Sus cenizas y las de su esposa Mary Hoover Aiken descansan en el Cementerio Bonaventure de Savannah. Sobre la tumba se lee:

 

Marinero del cosmos.

Destino desconocido.

Dad mi amor al mundo.

 


¿ENTRARÁ EN MI TUMBA, SEÑOR? - (Will you step into my grave, sir?)

 

¿Entrará en mi tumba, señor?, dijo el sepulturero a los muertos:

la encontrará tan confortable, señor, como cualquier lecho humano;

habrá lilas en su cabecera y violetas a sus pies,

en junio le cubrirá la hierba; y la nieve será su sábana.

 

La lluvia le despertará con una canción, el viento le contará un cuento,

las raíces del sauce abrazarán y cuidarán su corazón, nunca le fallarán,

el tiempo pronto le olvidará, y usted mismo, olvidando el tiempo,

llegará hasta el sol, brillará con las hojas, caerá de nuevo y volverá a subir.

 

Ordenaré sus huesos, le acostaré suavemente

y coronaré la fiebre de sus días con un sueño por corona.

Nada vendrá a perturbarle, nadie pronunciará su nombre--

no despertará al sonido del amor, ni se agitará con el ruido de la culpa...

 

¿Entrará en mi tumba, señor?, dijo el sepulturero a los muertos-

Es más suave y tranquila, de lejos, que cualquier lecho humano…

Habrá robles en su cabecera y sauces a sus pies,

le cantarán los mirlos, la nieve será su sábana.

 


CANCIÓN DE LA TARDE DE SENLIN.

(Evening song of Senlin. De Senlin: A Biography).

 

Es la luz de la luna. Solo en el silencio

subo una vez más mis escaleras,

mientras las olas, lejanas bajo una estrella de luz azul pálida,

chocan contra la costa de arenas blancas.

 

Es la luz de la luna. El jardín está en silencio.

Estoy solo en mi habitación.

Sobre mi pared, la luna lejana

lanza una lluvia de fuego…

 

Hay casas flotando sobre las estrellas

y estrellas suspendidas bajo el mar:

Y un aire de la bóveda azul del tiempo

agita la cortina para mí…

 

Espero en la oscuridad una vez más,

vacilando entre espacio y espacio:

Ante mi espejo levanto mis manos

y enfrento el recuerdo de mi rostro.

 

¿Soy yo quien interroga aquí 

preguntando mi nombre?...

Soy yo, aunque no sé a dónde voy,

ni por qué, ni de dónde vine.

 

Soy yo, que desperté al amanecer

y me levanté y bajé la escalera,

imaginando un dios en el ojo del sol, -

en las manos y la cabellera de una mujer.

 

Soy yo cuya carne palidece con las piedras

que tallé para un muro:

Con una melodía triste en mi cerebro,

de un tono que no logro recordar…

 

Hay rosas para besar, y bocas para besar,

y la sombra del dolor agudo de la muerte.

Recuerdo una gota de lluvia en mi mejilla, -

un viento como un aliento fragante…

 

Y la estrella con la que me río cruza el cielo;

y los cielos son oscuros y escarpados…

Una vez más olvidaré estas cosas

en el silencio de mi sueño.

 


ANIQUILACIÓN - (Annihilation)

 

Mientras nos cubre, azul, el mediodía

y del álamo caen tristes hojas,

dime otra vez por qué el amor embruja

y qué nos da el amor.


¿Es el dedo indeciso que rastrea

las curvas de la ceja y la mejilla?

¿Es la boca que tiembla a la caricia,

pero no puede hablar?


No, no son estas cosas, no está en ellas

escondido el secreto más que en otras:

No sólo el toque de una mano alegra

y hace cantar la sangre.


Es la hoja que cae entre nosotros,

campanas que se quejan, sombras vivas,

la luz del sol de otoño que nos baña:

Todo esto es el amor.


Es el “No nos vayamos, esperemos”,

“Quédate hasta mañana”, “Cuando supe--”,

esas nadas, mientras rozo tu dedo,

y el reloj da las dos.


El mundo es intrincado y nada somos.

Es el mundo complejo de la hierba,

la rama al paso, la mirada de odio,

pulsiones pasajeras--


¡Ahí el secreto! Pero puedo odiarte

si busco entre tus labios otro beso,

y en tus ojos descubro que estás lejos,

y que esto es el amor.


Saben más del amor dos rocas duras

que miradas o labios que se encuentran.

Cuanto de amor sabemos es amargo,

y eso no es demasiado.

 


CAMPOSANTO - (God’s acre).

 

En Memoria De. En el Más Afectuoso Recuerdo De.

En Amorosa Memoria De. En Afectuosa

Remembranza. Muerto en octubre. Muerto en el Mar.

¿Quién murió en el mar? El nombre del puerto

se le ha escapado, se ha ido, barrido por el viento del este,

sobre las tumbas y los tejos, entre los manzanares,

sobre la vía, donde deslumbra un soberbio carruaje,

y se ha ido. El viento del este galopa desde el mar

trayendo gaviotas y sal. Además, la marisma huele

fuerte en Septiembre; fango y juncos, juncos

que crujen como huesos.

 

Cambia las tijeras de podar

de la mano derecha a la izquierda, poda y poda la hierba.

El pedestal roto, cuidadosamente roto, sobre el cual

se ríe el ave negra – en amorosa memoria.

¡Burden! ¿Quién fue este Burden, para ser recordado?

¿O Potter? El Potter rechazado por el pote.

“Aquí yace Joseph Burden, que partió

de este mundo el cuatro de agosto de mil novecientos.

‘Y Dios le dijo, ven.’” Joseph Burden, de cuarenta años,

vulgar, procaz, de manos fuertes y peludas,

orejas rojas retorcidas, con pelo, ojos del azul del norte,

con un martillo en una mano y en la otra

un clavo. Enterró el clavo… ¿Fue suficiente?

¿O – también – amó?

 

Cambia de nuevo

las tijeras. Están desafiladas. La hierba está húmeda

y se pega a las cuchillas. En amorosa memoria.

Cuatro pesadas cadenas, circundan y sostienen la urna.

¿Qué posibilidades tienen los esqueletos?

Los muertos se levantan de noche,

hacen crujir los eslabones.

 

“¡Demasiado pesados! No se pueden mover…

Tratemos de nuevo – todos ¡AHORA!... Imposible.”

Se sientan a la sombra sin luna, hablan cordialmente.

“Fue el viejo Jones, seguramente, quien hizo estas cadenas.

Me gustaría verlo ahora levantándolas”… El búho

que caza en Wickham Wood viene, ululando.

“Un búho,” dice uno. “Me gusta mucho,” dice otro.

Giran sus cabezas grises.

 

El viento marino trae el lamento

de una campana entre los tejos y las tumbas,

y en las soleadas piedras repican las volutas de bronce.

Sagrado … memoria … con cariño … Oh Dios,

cuánta parodia – el mirlo ensucia

el pedestal roto; el gusano carcome la calavera,

hace un festín de médula; y el lascivo tordo tritura

un caracol sobre la tumba. Murió a bordo –

luego, ¿qué mejor que una tumba en el mar?

 

De rodillas

poda y poda, arrodillada sobre el césped,

con el mundo entre sus rodillas, medita

cabizbaja, como si sus pensamientos, cual hombres o manzanas,

cayeran maduros a la tierra. Azul marino, sus ojos

se vuelven hacia el mar. Las gaviotas son carroñeras,

de cara cruel, pero adorables. En el embarcadero,

los juncos crujen al vaivén del viento del este, crujen

como huesos. En amorosa memoria De. Oh Dios,

esa vida es lo que es y no cambia.

Tú ahí en la tierra, y yo de rodillas sobre ti.

Tú muerto, yo viva.

 

Ella corta una maleza

de raíces demasiado ambiciosas. El tejo más largo,

sujeta la colina –

Se levanta sobre sus rígidas rodillas,

entumecidas, y baja por el sendero de guijarros, que conduce

a la ciudad y al mar. El aroma de la marisma llega

saludable y salado, y llena su nariz. Los juncos

danzan con el viento del este, crujen; y las currucas

brillan, balanceándose entre los juncos, y cantan.

 


ENCUENTRO - (Meeting)

 

¿Por qué te miro? ¿Por qué te toco? ¿Qué busco en ti, mujer,

para que quiera encontrarte de nuevo?

¿Por qué debo sondear una vez más tu vacío insondable,

para encontrar solamente dolor?

Miro muy fijamente tus ojos húmedos,

pero no quedo más convencido ahora que antes,

de que son sólo dos espejos que reflejan la luz clara del cielo,

eso, y nada más.

 

Y aprisiono mi cuerpo contra el tuyo,

pensando que siempre esperé

que fuera un camino nuevo hacia otra galaxia;

y lucho por hablarte en un lenguaje superior al mío,

en el que todo sea transparente; hasta que, exhausto,

me derrumbo una vez más en tu vacío insondable,

y en mi yerto vacío:

Tú, llorando y riendo en ese cuarto ridículo,

con tu mano sobre mi rodilla,

llorando porque me crees infeliz y perverso;

y riendo por lo extraño de nuestro amor;

nuestros ojos muy fijos en el otro,

en una última esperanza ciega y desesperada

de que el mundo entero cambie.

 


CITA


- La poesía absorberá y transmutará, como siempre lo ha hecho, y glorificará todo lo que podamos saber.